El Ministerio de Justicia de la Nación y UNICEF presentaron “Cuando las pantallas hablan”, una herramienta dirigida a familias, personas cuidadoras y equipos que trabajan con niñas, niños y adolescentes. Explica cómo reconocer situaciones de violencia digital, cuáles son las señales de alerta y qué hacer para acompañar y denunciar.
Un adolescente que de repente cierra todas sus redes. Un chico que se angustia cada vez que recibe una notificación. Una niña que empieza a negarse a ir a la escuela. Regalos o dinero en una billetera virtual cuyo origen no puede explicar. ¿Cuándo un cambio de comportamiento puede estar indicando que algo sucede detrás de una pantalla?
El Ministerio de Justicia de la Nación y UNICEF Argentina presentaron “Cuando las pantallas hablan. Guía para detectar y abordar la violencia en entornos digitales”, una publicación que busca acercar respuestas concretas a las familias frente a fenómenos como el ciberacoso, el grooming y la difusión no consentida de imágenes.
“Uno de los datos más preocupantes es que muchas niñas, niños y adolescentes que atraviesan situaciones de violencia digital no saben a quién acudir o con quién hablar”, advirtió Alejandro Morlachetti, especialista en Protección de Derechos y Acceso a la Justicia de UNICEF.
La guía parte de una premisa fundamental: Internet no es “sólo una pantalla”. Lo que sucede allí puede afectar los vínculos, las emociones, la autoestima, la privacidad y el bienestar de chicas y chicos.
¿De qué hablamos cuando hablamos de violencia digital?
Las violencias en entornos digitales pueden producirse en redes sociales, aplicaciones de mensajería, videojuegos online, foros o plataformas educativas. Y tienen algunas características que pueden potenciar el daño: los contenidos pueden alcanzar rápidamente a muchas personas, permanecer durante mucho tiempo en Internet y difundirse de manera prácticamente inmediata.
La publicación explica, entre otras situaciones, el ciberbullying, la difusión de imágenes íntimas sin consentimiento, el grooming y la circulación de material de abuso sexual de niñas, niños y adolescentes. También aborda prácticas que pueden aumentar la vulnerabilidad, como el sharenting , la exposición frecuente de los hijos en las redes de los adultos, compartir demasiados datos personales, mantener activa la geolocalización o utilizar perfiles públicos.
- DESCARGAR. Guía Unicef "Cuando las pantallas hablan"
Un aspecto especialmente interesante es que la guía evita responsabilizar a los chicos por lo ocurrido: la responsabilidad del daño siempre corresponde a quien ejerce la violencia.
Las señales a las que los adultos deberían prestar atención
No existe un único indicador y estas señales no significan necesariamente que exista violencia digital. Pero UNICEF y el Ministerio de Justicia recomiendan prestar atención a cambios importantes en el comportamiento, los vínculos o la relación de un chico con la tecnología.
Entre ellos aparecen retraimiento o tristeza; llanto, desesperación o angustia al utilizar un dispositivo; hermetismo extremo con las pantallas; miedo a concurrir a la escuela; caída del rendimiento académico; uso compulsivo del teléfono; sobresaltos ante las notificaciones; conexiones durante la madrugada; amenazas o mensajes extorsivos; regalos, dinero o créditos para videojuegos de origen desconocido, y el cierre abrupto de las cuentas en redes sociales.
La recomendación es no interpretar automáticamente esos cambios como “cosas de la adolescencia”, sino abrir un espacio de diálogo.
¿Qué hacer si un chico cuenta que está sufriendo violencia digital?
La primera respuesta del adulto puede ser determinante. La guía recomienda escuchar con calma, no presionar para obtener respuestas inmediatas, evitar enojarse, interrogar o juzgar y dejar en claro que el adulto está allí para ayudar y no para castigar. También pide resguardar la intimidad de la víctima.
Y hay una recomendación que puede resultar contraintuitiva: no quitarle inmediatamente el celular.
Retirar abruptamente el dispositivo puede cortar el canal por el que ocurre la situación, dificultar la conservación de pruebas o provocar que el chico o adolescente decida ocultar lo que está pasando. Tampoco ayuda minimizar con frases como “no es para tanto”, “apagá el celular” o “eso pasa por estar mucho en Internet”.
Si existen mensajes, amenazas o extorsiones, la guía aconseja preservar primero la prueba digital: realizar capturas donde puedan verse mensajes, números telefónicos, usuarios o enlaces y registrar fecha y hora. No se deben borrar los chats ni los archivos antes de resguardar la evidencia.
Hay una excepción importante: ante material de abuso sexual de niñas, niños y adolescentes, no hay que descargarlo, reenviarlo ni compartirlo, ni siquiera para alertar a otras personas. La guía indica preservar únicamente la información necesaria para identificarlo y realizar la denuncia.
Dónde pedir ayuda
Ante una situación de violencia digital, la publicación señala dos canales nacionales. La Línea 137, opción 1, es gratuita y confidencial, funciona las 24 horas durante todo el año y brinda asistencia ante situaciones de grooming o ciberacoso, entre otras violencias. La Línea 102 es también gratuita y confidencial y brinda asesoramiento y protección de derechos de niñas, niños y adolescentes en cada jurisdicción de Argentina.
Además, frente a delitos como grooming o difusión no consentida de imágenes íntimas, la denuncia puede realizarse ante una fiscalía, incluidas las unidades especializadas en ciberdelitos donde existan, o en una comisaría.
El mensaje que atraviesa toda la guía es sencillo pero importante: lo que sucede en Internet tiene consecuencias reales y los chicos necesitan saber que, si algo los asusta, los incomoda o vulnera sus derechos, pueden recurrir a un adulto sin temor a ser culpados o castigados.
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