El femicidio de Agostina Vega volvió a abrir preguntas sobre cómo prevenir las violencias machistas desde la infancia. Especialistas y organismos internacionales coinciden en que cómo criar varones para prevenir la violencia de género es una conversación que debe comenzar mucho antes de la adolescencia, a través de la empatía, el respeto, la gestión emocional y la igualdad.
El femicidio de Agostina Vega, la adolescente de 14 años asesinada en Córdoba, volvió a poner sobre la mesa una pregunta incómoda pero necesaria: ¿cómo prevenir las violencias de género antes de que ocurran?
Aunque cada caso tiene múltiples factores especialistas y organismos internacionales coinciden en que la prevención comienza mucho antes de la adolescencia. Empieza en la infancia, en la forma en que criamos a niños y niñas, en los modelos que transmitimos y en los vínculos que construimos día a día.
Desde Unicef sostienen que las normas y expectativas de género se aprenden desde edades tempranas a través de la familia, la escuela y la comunidad. Por eso, promover relaciones igualitarias desde la infancia es una herramienta fundamental para construir sociedades menos violentas.
Enseñar empatía desde pequeños
La empatía no es una capacidad que aparece sola: se aprende.
Una forma concreta de desarrollarla es ayudar a los chicos a reconocer cómo se sienten ellos y cómo pueden sentirse los demás. Preguntas simples como “¿cómo creés que se sintió tu compañero cuando pasó eso?” o “¿qué te gustaría que hicieran con vos en esa situación?” ayudan a ponerse en el lugar del otro.
Según Unicef, fomentar la capacidad de comprender emociones ajenas favorece relaciones más respetuosas y disminuye conductas agresivas.
Trabajar la tolerancia a la frustración
Otro aspecto clave es enseñar que no siempre se obtiene lo que se desea.
Muchas situaciones de violencia aparecen cuando una persona no acepta límites, rechazos o decisiones ajenas. Por eso resulta importante que los chicos aprendan desde pequeños a gestionar la frustración.
¿Qué significa esto en la práctica? Evitar resolverles todos los problemas, acompañarlos cuando algo no sale como esperan y ayudarlos a identificar emociones como el enojo, la tristeza o la decepción.
Aprender a escuchar un “no” sin reaccionar con agresividad es una habilidad que se construye durante toda la infancia.
Permitir que expresen emociones
Durante décadas, muchos varones crecieron escuchando frases como “los hombres no lloran”, “tenés que ser fuerte” o “no seas sensible”.
Diversas investigaciones sobre masculinidades, entre ellas las desarrolladas por Equimundo, una organización internacional especializada en género y masculinidades, muestran que estos mandatos pueden dificultar la expresión emocional y la búsqueda de ayuda.
Los especialistas recomiendan habilitar todas las emociones: miedo, tristeza, angustia, alegría y afecto. Enseñar que sentir no es una debilidad, sino una parte natural de la experiencia humana.
Educar en el respeto por todas las personas
La prevención de la violencia también implica enseñar que nadie tiene derecho a controlar, humillar o ejercer poder sobre otra persona.
Esto vale para las relaciones con mujeres, pero también para cualquier vínculo: compañeros de escuela, amigos, hermanos o personas con identidades, creencias y características diferentes.
ONU Mujeres destaca que la igualdad se construye cuando niños y niñas aprenden que todas las personas merecen respeto, independientemente de su género, origen o condición social.
Predicar con el ejemplo
Finalmente, las familias educan mucho más con lo que hacen que con lo que dicen.
Los chicos observan cómo se resuelven los conflictos en casa, cómo se distribuyen las tareas de cuidado, cómo se habla de las mujeres y cómo se tratan las diferencias.
La campaña internacional MenCare, dedicada a promover la participación de los hombres en la crianza, señala que los niños que crecen viendo modelos de cuidado, respeto y corresponsabilidad tienen más probabilidades de reproducir relaciones igualitarias en el futuro.
No existe una fórmula mágica para prevenir la violencia. Pero cada conversación sobre emociones, cada límite respetuoso, cada gesto de empatía y cada ejemplo de igualdad son pequeñas semillas que ayudan a construir una sociedad más justa y menos violenta para las próximas generaciones.
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