Desde hace 27 años, el Hospital Infantil Municipal de Córdoba cuenta con un servicio educativo que permite a niñas, niños y adolescentes continuar aprendiendo mientras atraviesan una internación. Siete docentes adaptan las clases a las necesidades de cada paciente y trabajan junto a las escuelas de origen para garantizar la continuidad de sus estudios.
Hay una escuela en Córdoba donde las maestras no esperan que sus estudiantes lleguen al aula. Son ellas quienes recorren los pasillos del hospital, entran a las habitaciones y acercan libros, actividades, música y propuestas educativas a niñas, niños y adolescentes que, por razones de salud, no pueden asistir a sus escuelas.
Funciona en el Hospital Infantil Municipal y se llama “Un Solcito de Ternura”, un aula hospitalaria que desde 1999 acompaña a chicos que atraviesan internaciones de distinta duración.
Allí, aprender no siempre significa sentarse frente a un pizarrón. A veces, la clase se desarrolla junto a una cama de hospital; otras, en un espacio especialmente acondicionado. Todo depende de las condiciones de salud, las posibilidades y las necesidades de cada estudiante.
Según informó la Municipalidad de Córdoba, el servicio funciona como una extensión de la Escuela Municipal Dr. Pedro Carande Carro y cuenta con siete docentes que trabajan con pacientes de nivel inicial, primario y secundario.
Una escuela que se adapta a cada chico
Cada jornada comienza con un recorrido por las diferentes áreas del hospital. Las docentes consultan qué pacientes están en condiciones de participar de actividades educativas y cuáles son los cuidados necesarios.
El trabajo incluye sectores como Oncología, Respiratorio y Quirúrgica, entre otros.
Antes de comenzar, las maestras se informan sobre la situación de cada estudiante, qué actividades puede realizar y qué materiales puede manipular. A partir de allí, organizan una propuesta personalizada.
“Es una elección estar acá”, cuenta Vanesa, docente de nivel inicial, en el informe municipal.
Y explica cómo entiende su tarea: “Siempre digo: me paro en la vereda del frente, trato de salir de mi egoísmo y no pensar qué me hace mal a mí, sino concentrarme en el bien que le puedo hacer al otro”.
El equipo está integrado por una maestra de nivel inicial, tres docentes de primaria multigrado y tres profesoras de áreas especiales, como Música, Artes Visuales y EDIPRO.
También utilizan recursos tecnológicos, entre ellos tablets, notebooks y kits de robótica y programación, que permiten desarrollar diferentes experiencias educativas durante las internaciones.
Mantener el vínculo con la escuela
Uno de los objetivos principales del aula hospitalaria es que una enfermedad no implique la interrupción de la trayectoria educativa.
Cuando la internación se extiende durante más de una semana, las docentes se comunican con la escuela de origen para conocer los contenidos que está trabajando el estudiante y coordinar las actividades.
De esta manera, el niño o adolescente mantiene su matrícula en su institución habitual y puede continuar aprendiendo durante el tratamiento.
Si después del alta médica todavía necesita permanecer en su casa, se articula con los servicios de educación domiciliaria y con la Escuela Hospitalaria y Domiciliaria Atrapasueños.
La propuesta no se limita a completar tareas escolares. También busca sostener el vínculo con una parte de la vida cotidiana que puede verse profundamente alterada durante una internación.
“Los papás nos esperan, porque saben que les hace bien volver a tener algo de contacto con lo cotidiano”, explican las docentes.
Más de 830 estudiantes acompañados en 2025
Durante 2025, más de 830 niñas, niños y adolescentes recibieron acompañamiento educativo en el Hospital Infantil Municipal, según datos oficiales.
Desde 2020, el servicio alcanzó a más de 4.500 estudiantes, con propuestas que se adaptan tanto a internaciones breves como a tratamientos prolongados.
La experiencia comenzó el 30 de marzo de 1999, cuando dos docentes recorrían las habitaciones para acompañar a los pacientes. Con el tiempo, se incorporaron más profesionales, un espacio propio y recursos pedagógicos y tecnológicos.
Aprender también puede ser parte del bienestar
Para las familias, el acompañamiento educativo puede representar mucho más que la posibilidad de no atrasarse en la escuela.
“Que mi hija pudiera seguir estudiando en este período significó mucho, porque para ella fueron muchos cambios. Un amor las seños, cómo los ayudan, es algo que la verdad no tiene precio”, contó la madre de una estudiante que atravesaba un tratamiento oncológico, en un testimonio difundido por la Municipalidad.
Otra madre relató que su hija había llegado al hospital con dificultades de alfabetización y que, durante su internación, logró aprender a leer, escribir y realizar operaciones matemáticas básicas.
Los equipos de salud también trabajan junto a las docentes, que reciben capacitaciones en bioseguridad, prevención de infecciones y otras herramientas necesarias para enseñar en un entorno hospitalario.
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