Cuando Ricardo Demirci decidió adoptar a Iván recién nacido tenía 39 años. No sabía entonces que ese niño cambiaría para siempre su forma de mirar el mundo.
Años después, cuando Iván tenía 3 años, llegó el diagnóstico dentro del espectro autista. Para muchas familias, ese momento suele estar acompañado de incertidumbre, preguntas y temores. Para Ricardo también fue así. Pero con el tiempo, aquella experiencia se transformó en algo mucho más grande: una causa de vida.
Hoy, a los 26 años, Iván lidera “Iván y sus amigos”, una banda musical que lleva más de una década recorriendo escenarios y difundiendo un mensaje de inclusión. Y Ricardo continúa a su lado, acompañándolo como padre, impulsor y manager del proyecto.
En vísperas del Día del Padre, la historia de ambos invita a reflexionar sobre los múltiples caminos que puede tomar la paternidad y sobre cómo los hijos también transforman a quienes los crían.
Un hijo que cambió una vida
Ricardo suele decir que Iván lo convirtió en una persona más empática y solidaria. Que le dio un propósito que fue mucho más allá de la experiencia individual de la crianza.
Lo que comenzó como la búsqueda de apoyos y oportunidades para su hijo terminó convirtiéndose en un trabajo sostenido para promover la inclusión de las personas dentro del espectro autista.
Con el paso de los años, Iván encontró en la música una forma de expresión. Y esa pasión dio origen a “Iván y sus amigos”, una banda integrada además por músicos profesionales que ya lleva 14 años de trayectoria.
“El mensaje de la banda es claro: se puede ser feliz siendo neurodivergente, encontrar en lo que uno ama su forma de expresión y su profesión”, afirma Ricardo.
La música como puente
La agrupación realizó más de 30 presentaciones en Argentina y el exterior. Pasó por escenarios como el Hard Rock Café Buenos Aires, el Festival de Música del Planetario y distintos eventos educativos e institucionales.
Pero quizás el impacto más importante ocurre lejos de los escenarios.
Hace pocas semanas, por ejemplo, la banda se presentó ante más de 200 estudiantes del colegio del Club Atlético River Plate. Durante 40 minutos interpretaron 12 canciones. Sin embargo, lo más valioso sucedió después: muchos chicos se acercaron con preguntas, curiosidad y ganas de comprender mejor qué significa vivir dentro del espectro autista.
La música se convirtió así en una herramienta para derribar prejuicios y generar encuentros.
Pensar el futuro
Además de acompañar a su hijo, Ricardo preside actualmente la Comisión Directiva de PANAACEA (Programa Argentino para Niños, Adolescentes y Adultos con Condición del Espectro Autista), desarrolla un podcast sobre autismo en la vida adulta y trabaja para promover oportunidades laborales para personas con discapacidad.
Detrás de cada iniciativa aparece una pregunta que comparten muchas familias: qué pasará con sus hijos cuando crezcan, cuando termine la escuela o cuando ellos ya no estén para acompañarlos.
Quizás por eso la historia de Ricardo e Iván resuena tanto en este Día del Padre. Porque habla de amor, de acompañamiento y de una paternidad que encontró en la inclusión una forma de transformar la realidad.
Y porque recuerda que, muchas veces, son los hijos quienes terminan enseñando las lecciones más importantes.
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