Más de 25 familias del Instituto Parroquial Monte Cristo decidieron unirse para retrasar la entrega de celulares y el acceso a redes sociales. La experiencia busca demostrar que acompañar la crianza digital también puede ser una construcción colectiva.
Todo empezó con una inquietud que compartían varias familias del Instituto Parroquial Monte Cristo, en Córdoba: ¿era realmente necesario entregarles un celular propio a chicos de apenas 8 o 9 años?
La respuesta fue casi unánime. Lo difícil vino después.
"Cuando uno habla con otras familias aparece siempre lo mismo: muchas veces el celular no se entrega porque los padres estén convencidos, sino por la presión social, porque el resto lo tiene o porque el hijo insiste", cuenta Marilena Fernández, mamá de un alumno de tercer grado e impulsora de la iniciativa.
Con esa preocupación como punto de partida, un grupo de madres y padres decidió transformar una decisión individual en un compromiso colectivo. El resultado fue un pacto de corresponsabilidad digital, firmado por más de 25 familias de dos cursos de tercer grado, mediante el cual se comprometieron a no entregar celulares ni tablets de uso personal hasta finalizar la escuela primaria y a retrasar el acceso a las redes sociales, al menos, hasta los 16 años.
Una construcción entre familias y escuela
La idea surgió después de que Fernández conociera el trabajo de la ONG Pacto Parental, que impulsa acuerdos voluntarios entre familias para retrasar el acceso temprano a dispositivos. sE reunió con otras madres como fue Emilse Pucheta, Adriana Digón y fueron sumando padres.
Sin embargo, en Monte Cristo decidieron darle un sello propio.
"El pacto original estaba pensado solo para los padres. Nosotros quisimos institucionalizarlo y sumar también a la escuela", explicó a Crecer Hoy.
Por eso adaptaron el documento, redactándolo como un compromiso conjunto. Además de los acuerdos asumidos por las familias, incorporaron compromisos para la institución educativa, como sostener un ambiente libre de distracciones mediante la restricción del uso de celulares personales durante la jornada escolar y fortalecer la formación en ciudadanía digital.
También decidieron que el acuerdo no fuera definitivo.
"Lo pensamos como una construcción colectiva. Hoy creemos que esto es lo mejor, pero sabemos que la tecnología cambia muy rápido. Por eso dejamos previsto que pueda revisarse y reformularse con el tiempo", señala Fernández.
Primero comprender el problema
Antes de invitar a las familias a firmar, los organizadores entendieron que hacía falta algo más.
"La idea no era llegar con el pacto y decir 'firmen'. Primero queríamos poner el problema sobre la mesa para que apareciera la necesidad de buscar una solución", recuerda.
Así organizaron una charla abierta con la neuróloga Lorena Bottero, especializada en neurodesarrollo. La propuesta fue impulsada por los propios padres, que consiguieron auspiciantes para cubrir los honorarios y el traslado de la profesional, con el acompañamiento de la escuela.
Según cuenta Fernández, Bottero les comentó que era la primera vez que la convocaban directamente un grupo de familias.
"Habitualmente la llaman escuelas, municipios o instituciones. Nos hizo pensar que los padres también estamos empezando a asumir un rol más activo."
Nadie tiene que sostener la decisión en soledad
Después de la charla llegó la firma del pacto. Y también un efecto contagio a familias de otros grados del colegio.
Padres de cuarto grado ya manifestaron su interés en replicar la experiencia y la iniciativa comenzó a despertar consultas de otras escuelas.
Quienes firmaron el acuerdo también crearon un grupo de WhatsApp para compartir estrategias, dudas y experiencias sobre la crianza en tiempos de pantallas.
"Nos acompañamos entre todos. Hay familias que atravesaron situaciones difíciles, como el acceso temprano a contenidos inapropiados o problemas de ansiedad y sueño. Poder conversar con otros padres ayuda mucho", explica Fernández.
Para ella, el mayor valor de la experiencia no está solamente en retrasar la entrega del primer celular, sino en construir una red de apoyo.
"Con que haya diez o quince familias alineadas ya se genera un entorno mucho más saludable. Así los chicos no sienten que quedan afuera y los adultos tampoco tienen que sostener esta decisión solos."
Porque, en definitiva, concluye, la tecnología llegó para quedarse, pero eso no significa que no podamos construir acuerdos para acompañar mejor a nuestros hijos.
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