Un informe de la Universidad de Buenos Aires (UBA) revela que el 76% de los jóvenes en situación vulnerable trabaja de forma no registrada y que, para la mayoría, los ingresos no alcanzan para cubrir los gastos del mes.
Casi 4,1 millones de jóvenes argentinos de entre 18 y 29 años viven actualmente en condiciones de vulnerabilidad y enfrentan un mercado laboral con altísima informalidad, según un estudio de la Universidad de Buenos Aires presentado este julio.
La investigación, titulada “Jóvenes vulnerables en la Argentina”, alerta que la falta de oportunidades y de dinero son las principales barreras para que esta población logre progresar económicamente.
El estudio confirma que el trabajo ya no es una garantía para salir de la pobreza, dado que el 56,9% de los encuestados manifiesta que sus ingresos no son suficientes para llegar a fin de mes.
Sectores con mayor demanda y condiciones laborales
Los jóvenes que logran insertarse en el mercado lo hacen mayoritariamente en actividades de baja calificación y con escasa protección legal.
A continuación, se detallan los rubros con mayor presencia de trabajadores jóvenes y sus características actuales:
- Comercio (28,5%): Tareas de atención y ventas marcadas por ingresos que, para el 57% de los hogares, resultan insuficientes para cubrir las necesidades básicas.
- Construcción (19,8%): Empleos operativos con una tasa de informalidad que alcanza al 76% de los trabajadores en contextos desfavorecidos.
- Limpieza o cuidados (11,2%): Servicios de asistencia o higiene con una bajísima tasa de registro y alta precariedad.
- Cuentapropismo precario: Actividades como la venta ambulante, ventas por internet o "changas" que carecen de todo tipo de beneficios sociales.
El valor de la educación frente a la crisis
A pesar de las dificultades, el 85,7% de los jóvenes vulnerables todavía considera que la educación es la herramienta principal para mejorar su calidad de vida futura.
Sin embargo, el 75,2% de ellos tuvieron que interrumpir su formación educativa en algún momento debido a la presión de la situación económica.
Los investigadores advierten sobre el crecimiento del desánimo, reflejado en que un 33% de quienes no trabajan ni estudian han dejado incluso de buscar empleo.
Esta situación impacta directamente en el bienestar emocional, provocando que siete de cada diez jóvenes manifiesten síntomas constantes de ansiedad o nerviosismo.




