Para las psicólogas Florencia Aquino y Eugenia Moscardó, detrás de esta tendencia viral aparecen procesos propios de la adolescencia: la construcción de identidad, la pertenencia, la creatividad y la necesidad de encontrarse con otros. Destacan el regreso de los jóvenes al espacio público, pero también advierten sobre los riesgos de que la valoración propia dependa demasiado de la mirada ajena.
¿Qué hacen cientos de adolescentes y jóvenes reunidos en un espacio público para “farmear aura”? ¿Es solamente una moda nacida en las redes? ¿Una competencia absurda? ¿O detrás de esas performances hay algo más?
Después de que el primer encuentro organizado en Córdoba convocara a cientos de jóvenes en Patio Olmos, Crecer Hoy consultó a dos psicólogas para intentar comprender el fenómeno desde la mirada adolescente y no solamente desde los ojos de los adultos.
Para Florencia Aquino, psicóloga, lo primero es entender que no estamos necesariamente frente a algo completamente nuevo. “Pienso que este fenómeno de farmear aura es un fenómeno adolescente clásico”, explica.
Su lectura parte de una idea: las adolescencias siempre tuvieron ritos, códigos, imitaciones y grupos de pertenencia. Lo que cambió es el contexto en el que ocurren. Antes de las redes sociales, muchas de esas experiencias quedaban lejos de la mirada adulta. Hoy pueden ser grabadas, compartidas y viralizadas en cuestión de minutos.
Construir identidad y encontrar una tribu
Aquino señala que la imitación tampoco nació con TikTok o Instagram. En distintas generaciones hubo movimientos, estéticas y grupos que ayudaron a los jóvenes a diferenciarse del mundo adulto y encontrar pertenencia.
“Siempre hubo algo que influenciara a los adolescentes a generar algún tipo de imitación”, explica. Y es justamente en ese proceso donde pueden aparecer la construcción de la identidad, la diferenciación del ámbito familiar y la autoestima.
La psicóloga recuerda fenómenos como floggers, emos, raperos, cumbieros o movimientos juveniles de otras épocas para cuestionar la tendencia adulta a considerar incomprensibles o poco productivas las expresiones de las nuevas generaciones.

Florencia Aquino, psicóloga.
Y hay algo del fenómeno actual que Aquino rescata especialmente: los chicos se están encontrando físicamente.
“Farmear aura me parece que es un movimiento esperanzador en tanto que ocupa el espacio público”, sostiene. Después de una pandemia en la que buena parte de los vínculos adolescentes quedaron atravesados por las pantallas, valora que vuelvan a encontrarse y a “poner el cuerpo” en espacios compartidos. En el caso de Córdoba, además, destaca el componente solidario que tuvo el encuentro, que reunió alimentos para un comedor.
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Creatividad, encuentro y diversión
La psicóloga Eugenia Moscardó, con trayectoria en el área infanto-juvenil, coincide en que conviene mirar el fenómeno como parte de los procesos propios de esta etapa.
“En distintos momentos de la historia han existido los floggers o distintas cuestiones que se ponen en juego en la etapa adolescente”, explica. Para Moscardó, pueden funcionar como una forma de crear un encuentro, compartir y construir identidad.
También rescata la creatividad que supone pensar qué hacer para “sumar aura” y, sobre todo, que la propuesta saque a los chicos del aislamiento y los lleve a encontrarse cara a cara.

Eugenia Moscardó, psicóloga.
¿Y cuándo puede convertirse en un problema?
Moscardó introduce, sin embargo, una pregunta importante: ¿qué pasa cuando la valoración depende demasiado de la mirada de los demás?
Farmear aura supone, justamente, una evaluación social: determinadas acciones “suman” y otras “restan”. Por eso, la especialista propone prestar atención al impacto que esa aprobación o desaprobación puede tener sobre la autoestima.
“Si resto aura, ¿qué me pasa a mí en mi autoestima? ¿Qué hago para sumar aura?”, plantea. Mientras la competencia sea cuidada, no genere violencia ni exclusión y participar sea una elección, considera que puede tratarse de una experiencia positiva.
El problema aparecería si un adolescente participa sólo por presión, si quien no se suma queda excluido o si su propio valor empieza a depender de conseguir la aprobación de los demás.
¿Qué lugar queda para los adultos?
Las dos especialistas coinciden en algo: ridiculizar el fenómeno desde la mirada adulta aporta poco.
Aquino habla directamente de una mirada “adultocentrista” que tiende a descalificar las expresiones juveniles. Moscardó propone, en cambio, preguntarles a los adolescentes qué significa para ellos, qué sienten y por qué quieren participar.
El rol adulto, sostiene, puede ser acompañar y conversar: observar si la experiencia les genera disfrute o malestar, detectar posibles situaciones de exclusión y ayudarlos a construir vínculos en los que la autoestima no dependa únicamente de la aprobación externa.
Quizás, entonces, la pregunta no sea solamente qué significa “farmear aura”, sino qué nos cuenta este fenómeno sobre una generación que, entre códigos que muchas veces los adultos no comprendemos, vuelve a encontrarse, jugar, mostrarse y construir pertenencia con otros.
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