Tras la ola de pintadas con amenazas de tiroteo en distintas escuelas, una psicopedagoga brinda claves para contener a niños, niñas y adolescentes. El foco: poner en palabras lo que sienten, sin minimizar ni alarmar.
Las recientes amenazas de tiroteos en escuelas, aunque en muchos casos no se concreten, generan un clima de miedo que impacta directamente en chicos y adolescentes. Aun cuando se trate de rumores o situaciones falsas, el temor se instala y necesita ser abordado.
Para la psicopedagoga Mariana Savid Saravia, la gestión emocional frente a estos episodios no es opcional: es parte de la tarea educativa y del rol de las familias. “Cuando aparece una amenaza, real o no, el miedo se mete en el cuerpo de los chicos. Y necesita adultos que puedan nombrarlo, sostenerlo y acompañarlo”, explica.
En niños: poner en palabras y dar seguridad
En el nivel primario, los chicos todavía están desarrollando su capacidad para distinguir entre realidad y fantasía. Por eso, el miedo puede aparecer de distintas formas: dolor de panza, problemas para dormir o rechazo a ir a la escuela.
El primer paso, señala la especialista, es que los adultos regulen su propia ansiedad. “Los chicos leen el miedo en los adultos. Si el adulto está desbordado, eso se transmite”, advierte.
A la hora de hablar, recomienda usar un lenguaje simple, concreto y sin detalles innecesarios. Por ejemplo: explicar que ocurrió una situación preocupante en otro lugar, pero que en la escuela hay adultos trabajando para que estén seguros.
También es importante validar lo que sienten: decirles que está bien tener miedo y que pueden expresarlo. Algunas herramientas útiles son:
- dibujar lo que sienten
- usar juegos como el “semáforo de las emociones”
- incorporar momentos de respiración o relajación
- sostener rutinas diarias, que brindan seguridad
“El objetivo no es eliminar el miedo, sino ayudar a que circule y tenga un lugar”, explica Savid Saravia.
En adolescentes: escuchar sin juzgar
En el caso de los adolescentes, el miedo puede aparecer de manera más indirecta: con ironía, indiferencia, enojo o aislamiento. Incluso, en algunos casos, puede haber curiosidad o fascinación por estos hechos.
Por eso, la clave es no confundir esa actitud con falta de impacto emocional.
La especialista sugiere generar espacios donde puedan expresarse sin presión, como consignas anónimas o dinámicas grupales. Por ejemplo, pedirles que escriban qué es lo que más miedo les genera y luego leer algunas respuestas sin identificar a nadie.
También recomienda abrir el diálogo sobre temas como:
- el impacto de los rumores
- el efecto contagio de este tipo de situaciones
- las consecuencias reales de la violencia
Otra herramienta valiosa es compartir estrategias de regulación emocional entre pares: qué hace cada uno cuando se siente mal, qué lo ayuda a calmarse.
El rol de las familias y la escuela
Savid Saravia enfatiza que el acompañamiento debe ser conjunto. La escuela puede generar espacios de contención, pero las familias también cumplen un rol clave.
Escuchar sin alarmarse, sostener rutinas y estar atentos a cambios en el comportamiento —como alteraciones en el sueño, la alimentación o el ánimo— son señales importantes.
“Gestionar el miedo no es hacerlo desaparecer, sino ayudar a ponerle palabras, a que se comparta y a que no quede en silencio”, concluye.
En contextos de incertidumbre, la presencia de adultos disponibles, que escuchan y acompañan, es una de las herramientas más potentes para cuidar a chicos y adolescentes.
Te puede interesar. A más de cuatro años de la pandemia, muchas familias siguen sintiendo sus efectos emocionales y económicos
Te puede interesar. “El miedo no es contenido”: la campaña de estudiantes cordobeses para concientizar sobre los mensajes por tiroteos en escuelas
Te puede interesar. Cómo hablar de la ansiedad con tus hijos




