Un estudio realizado en Argentina, Chile y Ecuador muestra que las consecuencias de la crisis sanitaria todavía impactan en la salud mental y el bienestar familiar. Al mismo tiempo, destaca un aprendizaje clave: el valor de no atravesar las dificultades en soledad.
Aunque la pandemia de Covid-19 terminó, sus efectos continúan presentes en la vida cotidiana de muchas familias. Así lo señala un estudio académico de la Universidad Austral que analizó experiencias de hogares en Argentina, Chile y Ecuador y detectó que las dificultades emocionales y económicas aún forman parte de la realidad de muchas personas.
La investigación, basada en entrevistas en profundidad a 60 hogares de los tres países, identificó patrones comunes que muestran cómo la crisis sanitaria dejó huellas que todavía persisten.
Entre los principales desafíos aparecen problemas vinculados a la salud mental, como ansiedad, malestar emocional y sensación de soledad, además de dificultades económicas que continúan afectando el bienestar familiar.
“La pandemia terminó, pero sus efectos en la salud mental y la economía de las familias siguen muy presentes”, explica Victoria Bein, doctora en Psicología e investigadora del Observatorio del Desarrollo Humano y la Vulnerabilidad de la Universidad Austral.
El estudio muestra que, más allá de las diferencias entre países, las familias atravesaron experiencias similares, lo que refuerza la idea de que se trata de un fenómeno regional que todavía requiere atención. Los investigadores señalan la importancia de abordar estas consecuencias desde una mirada integral que contemple tanto los aspectos emocionales como las condiciones socioeconómicas.
Un aprendizaje que dejó la pandemia: el valor de los vínculos
Además de las dificultades, la investigación también identificó aprendizajes positivos que surgieron durante el período de confinamiento.
El más repetido en los testimonios fue la importancia de sentirse acompañado y contar con redes de apoyo.
El concepto de “no estar solo” aparece como una idea central en las experiencias relatadas por las familias, que destacaron el rol de los vínculos afectivos como un sostén fundamental para atravesar momentos de incertidumbre.
También se observaron cambios en la dinámica cotidiana de los hogares, como una mayor comunicación entre sus integrantes, reorganización de roles y el desarrollo de estrategias para adaptarse a situaciones difíciles. Estos aprendizajes continúan influyendo en la vida familiar incluso después de finalizada la emergencia sanitaria.
Los resultados del estudio plantean, además, la necesidad de fortalecer políticas públicas que acompañen a las familias, especialmente en áreas como salud mental y estabilidad económica, para mejorar la capacidad de respuesta ante futuras crisis.
Comprender lo que dejó la pandemia permite reconocer que muchas familias aún están atravesando procesos de adaptación. Al mismo tiempo, pone en evidencia la importancia de los vínculos y del acompañamiento como factores clave para el bienestar emocional.
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