El apoyo a la crianza y la salud mental infantil están directamente relacionados. Según Unicef, cuando madres, padres y cuidadores reciben acompañamiento, mejora su bienestar emocional y también el desarrollo psicoemocional de niñas y niños.
Durante mucho tiempo, la crianza se pensó como algo “natural”: tener un hijo implicaba, casi automáticamente, saber cómo cuidarlo.
Sin embargo, cada vez más investigaciones y organismos internacionales coinciden en algo distinto: criar también necesita apoyo.
Y no solo para que los adultos se sientan mejor, sino porque ese acompañamiento impacta directamente en la salud mental y el desarrollo de niñas, niños y adolescentes.
Distintos documentos de Unicef señalan que madres, padres y cuidadores son quienes más influyen en las experiencias que moldean el desarrollo del cerebro infantil y el bienestar emocional.
Según este organismo, la crianza en la primera infancia es una oportunidad clave para sentar las bases del desarrollo y del futuro bienestar de una persona.
Pero ese rol no puede sostenerse en soledad. “La crianza es una tarea demasiado grande para que los padres la hagan solos”, advierte Unicef, que remarca la necesidad de sistemas de apoyo para que las familias puedan dar a los chicos el mejor comienzo en la vida.
La salud mental de quien cría también importa
Uno de los puntos más fuertes que marca la evidencia es que el bienestar emocional de los adultos que crían tiene un impacto directo en la vida de los chicos.
Investigaciones citadas por Unicef muestran que cuando los cuidadores reciben apoyo, ya sea información, acompañamiento profesional o redes comunitarias, mejoran su salud mental, reducen el estrés y se sienten más capaces de cuidar a sus hijos.
A su vez, estudios y programas globales indican que fortalecer la salud mental de madres, padres y cuidadores puede prevenir situaciones de maltrato, negligencia y experiencias adversas en la infancia.
Además, las intervenciones basadas en evidencia tienen efectos positivos tanto en el bienestar emocional de los adultos como en el de los niños.
Programas de crianza que funcionan: qué dice la evidencia
Según documentos técnicos, las intervenciones basadas en evidencia para padres y cuidadores no solo previenen violencia, abuso y negligencia, sino que también contribuyen a mejorar la salud mental y el bienestar a lo largo de toda la vida.
Unicef y la Organización Mundial de la Salud coinciden en que los programas de apoyo parental son una herramienta clave de prevención.
Estos programas suelen enfocarse en:
- fortalecer habilidades parentales
- mejorar la comunicación familiar
- reducir el estrés del cuidador
- promover vínculos seguros
- acompañar el desarrollo emocional infantil
Además, organismos internacionales recomiendan que estas intervenciones sean accesibles para todas las familias, ya que existe evidencia de que mejoran la salud mental parental, las habilidades de crianza y el comportamiento infantil.
Qué significa esto en la vida cotidiana
En términos simples: cuando un adulto que cría está acompañado, los chicos también están más protegidos.
El apoyo puede tomar muchas formas:
- espacios de orientación para familias
- redes comunitarias
- programas de crianza
- acompañamiento en salud mental
- políticas públicas como licencias parentales o acceso a cuidado infantil
Según Unicef, estas políticas no solo mejoran la vida de los chicos, sino también el bienestar familiar y el desarrollo social en general.
Cambiar el mito del “instinto”
La evidencia muestra algo claro: criar no es solo intuición. Es un proceso que se aprende, se ajusta y se construye en vínculo con otros.
Y quizás el cambio cultural más importante sea este: pedir ayuda no significa criar peor, sino criar con más herramientas.
Acompañar a quienes cuidan no es un beneficio individual: es una inversión en el bienestar emocional de toda la infancia.
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