¿Cómo acompañar a los chicos tras una derrota deportiva? La psicóloga Lorena Codosea propone aprovechar la final del Mundial 2026 para enseñar sobre resiliencia, trabajo en equipo y gestión de las emociones.
La final del Mundial 2026 dejó una mezcla de emociones en millones de hogares argentinos. Después de semanas de ilusión, la Selección no pudo levantar la copa y terminó como subcampeona. Para muchos niños y adolescentes, la tristeza, la bronca o la frustración fueron inevitables. Pero, ¿cómo pueden las familias acompañarlos para que esa experiencia también se convierta en un aprendizaje?
Para la psicóloga especializada en niñez Lorena Codosea, el Mundial ofrece una oportunidad para hablar con los chicos sobre el esfuerzo, la resiliencia y el verdadero significado del éxito.
"En cada hogar, en cada familia las emociones también jugaron un importante papel. Nos emocionamos, nos alegramos, nos enojamos, nos frustramos", señala la especialista.

Lejos de poner el foco únicamente en el resultado, Codosea invita a mirar el recorrido que hizo el equipo para llegar a la final.
"Vale la pena preguntarse qué sucede con los procesos. ¿Cómo llegó cada jugador a estar ahí? ¿Quiénes acompañan al equipo y no patean la pelota en la cancha?", plantea.
Mirar el camino y no solo la copa
La psicóloga sostiene que conocer la historia de los jugadores y del cuerpo técnico permite comprender que detrás de cada partido hay años de entrenamiento, disciplina, perseverancia y esfuerzo.
"Es una invitación a valorar años de esfuerzos, miles de entrenamientos, momentos de constancia y una inquebrantable disciplina. Es entender lo que significa pelear por los sueños incluso ante condiciones adversas desde la resiliencia", explica.
Desde esa mirada, el Mundial deja enseñanzas que trascienden el deporte y pueden trasladarse a la vida cotidiana de los chicos.
Cinco aprendizajes para conversar en familia
Según Codosea, la derrota también puede abrir conversaciones valiosas sobre distintos aspectos del crecimiento.
Entre ellos destaca:
- El valor del trabajo en equipo por encima del talento individual. "Todos jugaron, aun los que se quedaban en el banco. El equipo lo es todo, la camiseta lo es todo."
- El respeto por el rival, reconociendo el mérito de quien ganó.
- La importancia del agradecimiento, tanto por el trabajo realizado como por el apoyo recibido.
- Aceptar la frustración como parte del camino, sin que eso defina el valor de una persona.
- Comprender que los procesos importan tanto como los resultados.
"Agradecer permite sanar el sentimiento de frustración convirtiéndolo en orgullo", afirma.
El ejemplo empieza por los adultos
La especialista remarca que el acompañamiento de las familias es fundamental para que los chicos aprendan a gestionar emociones como la tristeza o la decepción.
"Acompañar a nuestros hijos e hijas a transitar sus emociones es de suma importancia. Para ello el adulto debe contener y brindarse como ejemplo, desde la forma en que vive el partido hasta el modo de festejarlo", sostiene.
Los niños observan cómo reaccionan los adultos frente a una derrota. Por eso, evitar los insultos, las descalificaciones o la idea de que "perder es fracasar" también forma parte de la educación emocional.
Finalmente, Codosea invita a dejar un mensaje que puede acompañar a los chicos mucho más allá del Mundial.
"Remarcar cada proceso como una construcción única y personal es aprender que el valor de una persona o de un grupo no se mide por el resultado final, sino por la grandeza de sus actitudes."
Porque esta vez Argentina no levantó la copa, pero el deporte volvió a ofrecer una oportunidad para enseñar que el esfuerzo, el respeto, el compañerismo y la perseverancia también son victorias que vale la pena celebrar.
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