Los fracasos deportivos son herramientas necesarias para forjar la personalidad y fortalecer la resiliencia en las nuevas generaciones.
Miles de familias argentinas atraviesan este lunes el duelo por la derrota de la Selección frente a España, buscando palabras para explicar a los más chicos que el deporte no siempre premia el máximo esfuerzo con un trofeo.
Esta situación representa una oportunidad educativa única para enseñar que la derrota es, en realidad, lo que permite crecer como persona si se saben extraer sus lecciones.
El prestigioso psiquiatra español Enrique Rojas sostiene en una columna publicada en el diario ABC que el fracaso enseña lo que el éxito suele ocultar, aportando una lucidez necesaria para captar la realidad de la vida.
Rojas afirma que la madurez implica haber superado las heridas del pasado y trabajar en un proyecto personal con orden, constancia y voluntad.
En este proceso, la resiliencia surge como la capacidad psicológica fundamental para sufrir adversidades y saber darles la vuelta sin quebrarse.
Aceptar que la frustración es un requisito para la maduración de la personalidad ayuda a los jóvenes a prepararse para las exigencias del futuro.
Herramientas para aprovechar la derrota en la crianza
Para que niños y adolescentes superen este traspié, se pueden aplicar las siguientes estrategias basadas en la psicología moderna:
- Diferenciar valor y resultado: Es vital enseñar que perder un partido (y mucho menos una final) no convierte a nadie en un incapaz, ya que la valía personal es independiente de un resultado.
- Analizar las causas: Hablar sobre lo ocurrido permite identificar si faltó entrenamiento o si simplemente el rival fue más fuerte o planteó mejor el partido.
- Dar el ejemplo: Los adultos deben evitar culpar a terceros y mostrar respeto felicitando al rival por su juego limpio.
- Validar la emoción: En lugar de minimizar el dolor, es mejor preguntar al niño cómo se siente y acompañar ese sentimiento hasta que logre calmarse.
- Valorar el proceso: El verdadero éxito reside en la constancia diaria y en haber dado el máximo esfuerzo durante toda la competencia.
Aprender a perder funciona como una "salida de emergencia" que obliga a los jóvenes a pulir su conducta con artesanía y humildad.
Como indica el psiquiatra Rojas, ser dueño de uno mismo significa pilotar la propia travesía con coherencia, más allá de cualquier resultado circunstancial.





