Una investigación realizada con más de 9.600 niños de entre 9 y 11 años encontró una asociación entre el consumo de bebidas con cafeína, una menor duración del sueño y pequeñas diferencias en la estructura cerebral. Los investigadores advierten que los resultados no demuestran una relación de causa y efecto, pero plantean la necesidad de prestar atención a estos hábitos desde la infancia.
La cafeína no está presente solamente en el café. También se encuentra en algunas gaseosas, bebidas energizantes, tés y otros productos que forman parte de la alimentación cotidiana. Aunque suele asociarse con el consumo adulto, niñas, niños y adolescentes también pueden incorporarla sin ser plenamente conscientes de sus efectos.
Una nueva investigación dirigida por especialistas del King’s College London, en el Reino Unido, encontró que un mayor consumo de cafeína durante la infancia se relaciona con menos horas de sueño y con pequeñas diferencias en la estructura de la corteza cerebral, una región involucrada en procesos como la atención, la toma de decisiones y la regulación emocional.
El estudio, publicado en una revista científica y basado en datos del proyecto estadounidense Adolescent Brain Cognitive Development (ABCD), analizó información de 9.632 niños de entre 9 y 11 años.
Qué encontraron los investigadores
Para realizar el análisis, los participantes informaron cuántas bebidas con cafeína consumían habitualmente por semana, mientras que sus familias aportaron información sobre la duración del sueño. Además, los investigadores utilizaron imágenes de resonancia magnética para estudiar características de la corteza cerebral.
Los resultados mostraron que un mayor consumo de cafeína se asociaba con una menor superficie cortical en 22 regiones del cerebro. También observaron diferencias en la superficie cortical total entre quienes consumían al menos una bebida con cafeína por semana y quienes no consumían ninguna.
En el grupo estudiado, las gaseosas fueron la principal fuente de cafeína.
Otro hallazgo fue que los niños que consumían más cafeína tendían a dormir menos. Tanto la menor duración del descanso como las diferencias en la superficie cortical se relacionaron parcialmente con mayores dificultades de atención, estado de ánimo y conducta observadas seis meses después.
En el seguimiento a los 18 meses, la asociación que persistió fue la vinculada con la superficie cortical total.
¿La cafeína provoca cambios en el cerebro?
Los especialistas aclararon que el estudio es observacional y no permite afirmar que la cafeína sea la causa de las diferencias detectadas.
Una de las dificultades es que las gaseosas también contienen azúcar y su consumo puede estar relacionado con otros hábitos de alimentación y de vida. Por eso, todavía no es posible distinguir con precisión qué parte de las asociaciones observadas corresponde específicamente a la cafeína.
Los investigadores consideran necesario avanzar con estudios que permitan conocer mejor las cantidades consumidas, los horarios de ingesta y su relación con el descanso.
Qué pueden tener en cuenta las familias
La Academia Estadounidense de Pediatría desaconseja el consumo de cafeína en niños y adolescentes, especialmente a través de bebidas energizantes.
Los nuevos resultados refuerzan la importancia de revisar qué bebidas consumen habitualmente los chicos, prestar atención a sus ingredientes y cuidar las rutinas de sueño.
No se trata de interpretar que una gaseosa ocasional provoca daños cerebrales, algo que esta investigación no demuestra, sino de reconocer que el descanso y la alimentación son aspectos fundamentales del desarrollo infantil.
Fuente: investigación dirigida por King’s College London, basada en el estudio Adolescent Brain Cognitive Development (ABCD). Consultar la publicación científica original.
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