Casi 2 millones de niños en Argentina adeudan vacunas básicas. El resurgimiento de enfermedades como la tos convulsa y la hepatitis A enciende las alarmas de pediatras y especialistas en crianza.
La protección de nuestros hijos atraviesa un momento crítico. Según informes recientes, entre 2022 y 2024, alrededor de 1,7 millones de niños en Argentina no recibieron alguna de las vacunas correspondientes a su edad.
Esta caída en la cobertura quebró el umbral del 95% necesario para la inmunidad colectiva, provocando que enfermedades que creíamos controladas vuelvan a representar una amenaza real.
Enfermedades que vuelven: el riesgo de los esquemas incompletos
El impacto de esta baja cobertura ya se siente en los consultorios.
Durante las primeras semanas de 2026, los casos de tos convulsa (coqueluche) aumentaron un 147% respecto al año anterior, afectando principalmente a menores de 14 años.
La situación es similar con la hepatitis A, que registró cuatro veces más casos que en el período 2021-2025.
La preocupación se extiende a las vacunas escolares: el refuerzo de la Triple Viral (sarampión, rubéola y paperas) alcanzó apenas el 46,7% en niños de 5 años, una cifra alarmante considerando que hace una década superaba el 90%.
Los especialistas advierten que no hay margen para el error: un solo caso de sarampión puede provocar hasta 17 contagios en poblaciones sin protección.
Barreras de acceso y desinformación
¿Por qué caen las tasas de vacunación? Los expertos señalan una combinación de factores que los padres enfrentan a diario:
- Dificultades logísticas: Horarios restringidos en centros de salud y distancias geográficas.
- Burocracia: Sistemas de control obsoletos, como la libreta en formato papel para la AUH, que complican el seguimiento.
- Percepción del riesgo: La circulación de noticias falsas en redes sociales genera dudas infundadas sobre la seguridad de las dosis.
La vacunación como acto de cuidado colectivo
Es fundamental recordar que las vacunas son seguras y salvaron más de 150 millones de vidas en los últimos 50 años.
Vacunar no es solo una decisión individual, sino un escudo para quienes no pueden recibir dosis, como los recién nacidos o niños inmunocomprometidos.
Ante síntomas como tos persistente, fiebre o dificultad para respirar, es vital consultar al pediatra y, sobre todo, revisar el carnet de vacunación.
Un esquema completo es la herramienta más efectiva para asegurar que las próximas generaciones crezcan sanas y protegidas.




