Unicef reclamó fortalecer la prevención en las escuelas y servicios de salud de todo el país.
El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) presentó en Buenos Aires su informe Monitor "Suicidio adolescente en Argentina", donde reveló que, si bien la tasa de mortalidad en jóvenes de 10 a 19 años descendió un 36% entre 2014 y 2024 al ubicarse en 4,8 casos por cada cien mil habitantes, el fenómeno se mantiene por encima de los valores de hace tres décadas y exige fortalecer la prevención intersectorial.
Evolución histórica y brechas marcadas por edad y sexo
El estudio detalló que el riesgo de suicidio aumenta significativamente durante la adolescencia tardía, ya que en el grupo de 15 a 19 años la tasa alcanzó 8,3 por cien mil en 2024 frente a los niveles inferiores registrados entre los 10 y 14 años.
Asimismo, el reporte evidenció una profunda masculinización del fenómeno a partir de los 15 años, etapa en la que la tasa de los varones es 2,5 veces superior a la de las mujeres.
En contraste con la reducción observada en la adolescencia, la tasa entre jóvenes de 20 a 29 años aumentó un 14% en el mismo período, mostrando la importancia de acompañar la transición hacia la adultez.
Disparidades territoriales y factores de vulnerabilidad
A nivel geográfico, la investigación identificó que las provincias de Salta, Formosa y Catamarca registran las tasas más elevadas del país, aunque el análisis por departamentos reveló focos de alta incidencia también en Santa Fe, Entre Ríos y la Patagonia.
Entre los principales factores asociados al riesgo, el documento señaló los conflictos familiares graves, el abuso sexual, las dificultades académicas y el acoso escolar o bullying.
Claves de Unicef para la prevención
Para hacer frente a esta problemática evitable, el organismo recomendó implementar las siguientes medidas estratégicas:
- Detección temprana: Fortalecer la capacidad de detección y escucha en escuelas, centros de salud y espacios comunitarios para identificar situaciones de vulnerabilidad de manera oportuna.
- Acceso a salud mental: Garantizar la atención con servicios adecuados y establecer rutas de derivación y seguimiento posterior para quienes se encuentren en situación de riesgo.
- Estrategias focalizadas: Desarrollar intervenciones territoriales adaptadas a las comunidades que contemplen las diferencias según edad y sexo.





