Tras el fallecimiento de su padre en Rosario, el capitán de la Selección Argentina compartió un mensaje cargado de emoción que destaca la importancia del acompañamiento y la educación que ahora transmite a sus propios hijos.
Lionel Messi despidió este miércoles a su padre, Jorge Messi, con una emotiva carta pública en sus redes sociales tras su fallecimiento a los 68 años en Rosario, resaltando cómo su guía constante fue el pilar de su carrera y la base de la educación que hoy brinda a sus hijos.
La partida de Jorge, quien enfrentaba una enfermedad desde hacía meses, marca un momento de profundo dolor para el futbolista, quien regresó desde Estados Unidos para participar de la ceremonia privada.
En su mensaje, el astro argentino destaca la presencia incondicional de su padre desde sus inicios, recordándolo como la persona que lo llevaba a cada entrenamiento apenas terminaba su jornada laboral.
Presencia, guía y valores en el hogar
Este testimonio subraya para las familias el valor fundamental del acompañamiento activo de los padres en los proyectos y pasiones de sus hijos durante la infancia.
Messi reconoció que su padre supo desempeñar los roles de protector, amigo y representante, acertando siempre en el consejo necesario para cada etapa de su vida.
El capitán de la Selección enfatizó que hoy educa a sus hijos siguiendo los mismos principios de respeto y esfuerzo que recibió en su propio hogar.
El peso del legado familiar
La carta revela también la tristeza de no haber podido compartir el último Mundial debido al deterioro de la salud de su progenitor, quien fue su mayor apoyo desde el inicio.
A pesar del dolor, el futbolista eligió agradecer públicamente por el cuidado recibido y prometió mantener vivo ese legado educativo en las nuevas generaciones de su familia.
Este adiós funciona como un recordatorio del vínculo sagrado que une a padres e hijos y de la huella imborrable que deja una crianza basada en la presencia y el amor.
La carta de Messi a su papá
"Pa, todavía no puedo creer que te hayas ido. No caigo, o mejor dicho, no quiero caer. Se me hace muy difícil imaginarme que ya no te voy a ver más, que no vamos a hablar más. Sé que estabas sufriendo y que es lo mejor, pero te fuiste muy pronto. Todavía nos quedaba mucho por disfrutar juntos.
Tanto me pedías que juegue el último Mundial y días antes de empezar fue cuando peor te pusiste. Era la primera vez que no ibas a estar en un torneo, pero mamá me decía que ibas a estar mejor y que ibas a estar bien para poder viajar. Yo te decía que íbamos a llegar a la final así podías viajar.
Cada vez que terminaba un partido esperaba y extrañaba tu mensaje. Ahí me di cuenta de que la situación era fea de verdad. Así y todo, no dejaba de pensar en llegar lo más lejos posible, para darte tiempo y que vieras un partido. Llegamos a la final y no pudiste estar. Quería ganarla para llevártela y mostrarte una nueva. No pude, las piernas no me daban más. Esta vez intenté ir contra mi físico, pero no pude. Nunca pude sentirme bien.
Cuando llegué creías que habíamos perdido la final por penales. No pudimos hablar de nada de todo lo que pasó. No pudiste disfrutar nada. No fuimos campeones, pero no sabés cómo disfrutamos cada partido. Una vez más, tenías razón: tenía que estar y jugarlo.
Te cuento esto porque fue lo único que no pudimos hablar, porque todo lo demás ya lo sabés. Hablábamos todos los días y nos veíamos cuando se podía por mis compromisos.
No sé qué voy a hacer sin vos, no sé cómo seguir. Yo solo jugaba al fútbol y ahora tengo bastantes dudas de que vaya a seguir haciéndolo por mucho tiempo más. Estuviste al lado mío desde el principio, faltaba tan poquito para el final. ¿Por qué no aguantaste ese poquito más y terminábamos juntos?
Sé que tu felicidad era ver bien a tu familia, a tu mujer, a tus hijos y, sobre todo, sin que se enteren los otros, verme jugar a mí...
Desde chiquito siempre fue así. Me llevabas a todos los entrenamientos apenas llegabas de trabajar. A muchos me llevaba mamá porque vos estabas trabajando.
Obviamente, a los partidos no faltabas a uno. Cómo sufrías viéndome y cómo disfrutabas, aunque nunca me regalabas muchos elogios.
Fuiste papá, amigo y representante. Siempre eras la persona que tenías que ser en cada momento y nunca te equivocaste en nada. Más allá de algunos reproches o peleas, siempre tenías razón. Al final se terminaba dando como vos decías.
Te voy a extrañar mucho, pero siempre vas a estar presente, y sobre todo en la educación de mis hijos, porque les enseño y los educo como ustedes lo hicieron conmigo.
Descansá en paz y cuidanos desde arriba como lo hacías acá. Gracias por todo.
Te amo, pa.".




