Después de hacerse conocida por el proyecto de hidroponía que impulsa junto a su docente en una escuela de alta montaña, Andrea viajó a Córdoba para conocer el invernadero que inspiró la iniciativa. Allí aprendió nuevas técnicas y volvió con más ideas para seguir cultivando sueños.
Hasta hace poco, Andrea solo conocía los cultivos hidropónicos a través de fotos, videos y de las explicaciones que buscaba junto a su maestra en internet y lo que pudieron aplicar en su escuela: un sistema pequeño pero novedoso y hecho a puro pulmón.
Esta semana, ese aprendizaje dio un paso más: la niña de 10 años, única alumna de la escuela rural Pío Zárate, en el paraje Buenavista (departamento Pocho, provincia de Córdoba, Argentina), viajó por primera vez a la ciudad de Córdoba para recorrer un gran invernadero y conocer de cerca el sistema que inspira el proyecto que desarrolla en su escuela.
"Este era mi sueño", dijo con una sonrisa mientras caminaba entre hileras de lechugas, rúculas y acelgas en Midory, un invernadero ubicado en barrio Quintas de Ferreyra.
Andrea llegó acompañada por su maestra y directora, Fanny Correa, su hermana y autoridades provinciales. La visita fue el resultado de un vínculo que comenzó hace un año, cuando la docente buscaba una alternativa para que su alumna pudiera cultivar alimentos en una zona donde las huertas tradicionales prácticamente no prosperan.
En Buenavista, el suelo presenta dificultades para la producción y los animales silvestres, como las vizcachas, suelen comerse los cultivos. Por eso nació Hydro Vista, semillas del futuro, un proyecto escolar basado en la hidroponía, un sistema que permite cultivar sin tierra utilizando agua y soluciones nutritivas.
Un recorrido lleno de aprendizajes
Durante la visita, el dueño del invernadero, Sergio Guillaumet, fue mostrando cada etapa del proceso.
Andrea reconocía muchos de los elementos que ya utiliza en su escuela. Observó los plugs,las bandejas donde germinan las semillas y que ella llama "semilleros",, aprendió por qué la turba reemplaza a la tierra en este sistema y conoció la función de la vermiculita, un material que ayuda a conservar la humedad.

También recorrió la llamada "maternidad", el espacio donde comienzan a crecer los primeros brotes, antes de pasar a otros sectores del invernadero hasta llegar a los piletones donde las plantas completan su desarrollo.
Al finalizar el recorrido, recibió un regalo especial: una pequeña planta de lechuga que podrá llevar de regreso a su escuela.
"Por más pequeña que sea nuestra escuela, queremos seguir creciendo porque los sueños son grandes", expresó mientras sostenía la plantita entre sus manos.
Un proyecto que quiere llegar más lejos
Para Fanny Correa, la experiencia significó mucho más que una visita.
"Buscamos una manera de resolver el problema que teníamos para cultivar y descubrimos este sistema. Empezó como un proyecto de Ciencias, pero cuando vimos sus ventajas seguimos investigando y así llegamos hasta Sergio", contó.

La docente explicó que el objetivo ahora es continuar fortaleciendo el proyecto para que trascienda las paredes de la escuela.
"Nos llevamos muchísimo conocimiento para seguir creciendo. Queremos que no quede solo en nuestra escuela, sino compartirlo con la comunidad y también con otras instituciones."
La historia de Andrea ya había conmovido a miles de personas por su esfuerzo cotidiano para estudiar en una escuela de alta montaña donde hoy es la única alumna. Ahora, ese mismo recorrido sumó un nuevo capítulo: el de una niña que convirtió la curiosidad en aprendizaje y que, gracias a una experiencia compartida con su maestra y muchas otras personas, pudo comprobar que incluso los sueños que nacen en los lugares más pequeños pueden crecer muy alto.

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