¿Alcanza con retrasar la entrega del primer celular? La especialista en ciudadanía digital Mariana Savid sostiene que el gran desafío es formar a niños, familias y docentes para convivir con las pantallas y la inteligencia artificial desde una mirada crítica.
Mientras crecen las campañas que promueven retrasar la entrega del primer celular y cada vez más familias acuerdan mantener a sus hijos lejos de las pantallas durante los primeros años, la psicopedagoga especializada en ciudadanía digital Mariana Savid Saravia advierte que el verdadero desafío va mucho más allá de la edad de acceso.
"Estamos poniendo toda la energía en cuándo dar un celular, pero no en cómo formar a quienes ya están inmersos en el mundo digital", resume.
Para la especialista, existe evidencia científica que muestra que la exposición temprana a las pantallas puede resultar perjudicial. Sin embargo, considera que el problema de fondo es otro: la ausencia de políticas públicas sostenidas de formación para niños, familias y docentes.
"Retrasar el uso puede ser una buena medida, pero no alcanza. Son soluciones que muchas veces parecen mágicas. Si después ese niño recibe un dispositivo sin haber desarrollado herramientas para usarlo con criterio, seguimos teniendo el mismo problema", sostiene.
Una alfabetización que debería empezar en la primaria
Savid considera que la ciudadanía digital debería enseñarse desde los primeros años de la escuela.
"No se trata solamente de aprender a usar una computadora. Se trata de formar ciudadanos digitales".
¿Qué implica esa formación? Según explica, incluye enseñar a los chicos a identificar información falsa, comprender cómo funcionan los algoritmos, reconocer publicidad encubierta, cuidar su identidad digital, entender la huella que dejan en internet y aprender a verificar contenidos antes de compartirlos.
"La inteligencia artificial volvió todo mucho más complejo. Hoy un video puede parecer completamente real y no serlo."
El desafío de la inteligencia artificial
La especialista señala que la aparición de videos hiperrealistas generados con inteligencia artificial —los llamados deepfakes— plantea un escenario completamente nuevo.
"Tenemos que enseñar a los chicos a hacerse preguntas. Mostrarles imágenes y videos y preguntarles si creen que son reales o creados con IA. Lo importante no es que adivinen siempre, sino desarrollar el hábito de dudar y verificar".
Ese aprendizaje, remarca, también alcanza a los adultos.

"Todos estamos atravesados por las pantallas. El desafío no es solo para los chicos".
El pensamiento crítico también se educa
Según Savid, uno de los mayores riesgos es que la enorme cantidad de contenidos manipulados termine erosionando la capacidad de pensar críticamente.
"Verificar información exige esfuerzo mental. Mi miedo es que la gente deje de comprobar las cosas por cansancio o saturación."
La especialista explica que las plataformas están diseñadas para que las personas consuman contenidos de manera rápida y continua, sin detenerse a analizarlos.
"Todo invita a deslizar, mirar y seguir. Pero pensar requiere pausa".
Más formación y menos soluciones simplistas
Savid aclara que no está en contra de iniciativas como los pactos entre familias para retrasar el uso del celular.
"Me encantan. Son gestos de resistencia legítimos."
Sin embargo, cree que esas decisiones resultan insuficientes frente a una industria tecnológica que busca captar usuarios desde edades cada vez más tempranas.
"Estamos discutiendo la edad de entrega del celular, pero falta educación digital. Y esa formación tiene que llegar a docentes, familias y chicos."
También advierte que muchas veces se invierte en dispositivos o aplicaciones de control parental, pero no en enseñar a utilizarlos de manera crítica.
"Hay muchísimas herramientas tecnológicas, pero muy poca formación."
Una tarea compartida
Para la especialista, la respuesta no pasa por demonizar la tecnología.
"Yo amo la tecnología. Puede ser una aliada maravillosa para la educación, la creatividad y el aprendizaje, pero requiere acuerdos educativos que hoy no existen."
Por eso propone recuperar el diálogo entre familias, escuelas y comunidad.
"Tenemos que volver a ser tribu. Hablar entre nosotros, acordar criterios con los colegios y acompañar a los chicos también en el mundo digital."
Porque, concluye, la ciudadanía digital no consiste únicamente en aprender a usar una pantalla, sino en desarrollar las herramientas necesarias para vivir con criterio en un entorno donde cada vez resulta más difícil distinguir entre lo verdadero y lo falso.
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