El embarazo adolescente en Argentina muestra una caída sostenida desde 2014, según UNICEF y el Ministerio de Salud. Sin embargo, el mapa revela una fuerte desigualdad territorial: las provincias del NEA y NOA mantienen las tasas más altas del país y concentran los mayores desafíos en términos de acceso a derechos, salud, educación y oportunidades para las adolescentes.
En los últimos diez años, Argentina logró una reducción importante de los embarazos en la adolescencia. Sin embargo, los datos muestran que el descenso no fue igual en todo el país: las regiones del Noreste argentino (NEA) y el noroeste argentino (NOA) siguen concentrando las tasas más altas y los escenarios más críticos.
Para las familias, esto no es solo una cuestión de números: detrás de cada embarazo adolescente hay trayectorias educativas interrumpidas, más trabajo de cuidados, menos oportunidades y, muchas veces, situaciones de vulneración de derechos.
Qué dicen los datos entre 2014 y 2023
Según el informe “Ser protagonistas. Avances y desafíos en el desarrollo integral de las adolescencias”, elaborado por Unicef Argentina en base a estadísticas oficiales del Ministerio de Salud, la tasa de fecundidad adolescente total (nacimientos por cada 1.000 adolescentes de 10 a 19 años) bajó de 33,6 en 2010 a 12,7 en 2022.
La caída es aún más marcada en el grupo de 15 a 19 años, donde la tasa pasó de 64,9 a 25,2 nacimientos por cada 1.000 adolescentes en el mismo período.
Estos datos se basan en las Estadísticas Vitales de la Dirección de Estadísticas e Información de Salud (DEIS) y en el Sistema de Información Perinatal (SIP) del Ministerio de Salud de la Nación, que consolidan los registros de nacimientos en todo el país.
Si se mira solo la última década, la tendencia es clara: desde mediados de los años 2010 el descenso se acelera, en parte asociado a políticas como el Plan ENIA (Plan Nacional de Prevención del Embarazo No Intencional en la Adolescencia).
Un análisis reciente de Unicef, la Sociedad Argentina de Pediatría y organizaciones de la sociedad civil estima que, entre 2018 y 2021, la tasa de fecundidad adolescente (10–19 años) se redujo casi a la mitad (49%) en las provincias donde se implementó el plan, siempre usando datos del Ministerio de Salud y del Censo 2022.
A escala provincial, la tendencia también se observa. Por ejemplo, en Santa Fe, la línea de base sobre adolescencias elaborada por UNICEF señala que entre 2014 y 2022 la tasa de fecundidad adolescente total se redujo un 54%, de 35,0 a 15,9 nacimientos por cada 1.000 adolescentes.
NEA y NOA: por qué siguen siendo regiones críticas
Aunque bajan los embarazos adolescentes en todo el país, el punto de partida no fue el mismo. Un informe de UNICEF Argentina sobre embarazo adolescente ya mostraba que, a comienzos de la década de 2010, el 15,5% de los nacimientos del país correspondía a madres adolescentes, pero ese porcentaje superaba el 20% en todas las provincias del NOA y el NEA.
Los informes más recientes confirman que, aunque las tasas bajan, las brechas territoriales se mantienen. UNICEF y el Ministerio de Salud señalan que las provincias del NEA y el NOA continúan con tasas de fecundidad adolescente muy por encima del promedio nacional, mientras que jurisdicciones como la Ciudad de Buenos Aires, La Pampa o Tierra del Fuego se ubican entre las más bajas.
A esto se suman otras desigualdades: los nacimientos en la adolescencia se concentran más en contextos rurales, hogares con mayores niveles de pobreza y menor acceso a servicios de salud sexual y reproductiva, según el Ministerio de Salud y UNICEF.
En el grupo de 10 a 14 años, los especialistas remarcan que muchos embarazos están asociados a relaciones forzadas o abuso sexual, lo que vuelve aún más urgente la prevención, la detección temprana y el acceso a la interrupción del embarazo en los casos previstos por la ley.
Por qué importa seguir mirando los datos
El embarazo en la adolescencia no solo tiene impacto en la salud física. UNICEF recuerda que se asocia con mayor riesgo de abandono escolar, ingreso temprano al mercado laboral en condiciones precarias y sobrecarga de tareas de cuidado, especialmente para las chicas.
El estudio “El costo socioeconómico del embarazo en la adolescencia en la Argentina”, elaborado por UNFPA y el Ministerio de Salud, calcula que cada embarazo adolescente implica un costo en oportunidades educativas y laborales para la madre y para el Estado, reforzando los ciclos de pobreza.
Qué desafíos quedan por delante
Los organismos coinciden en que la caída de la fecundidad adolescente es una buena noticia, pero no alcanza con que bajen los números:
- Es clave sostener y ampliar políticas como el Plan ENIA, que combinan acceso a métodos anticonceptivos, asesorías en escuelas, servicios de salud amigables para adolescentes y Educación Sexual Integral.
- Hace falta cerrar las brechas regionales, garantizando que niñas y adolescentes del NEA y NOA tengan las mismas posibilidades de información, cuidado y decisión que en otras zonas del país.
- Es fundamental asegurar que los servicios de salud y las escuelas trabajen con enfoque de derechos, sin estigmatizar a las adolescentes que ya son madres, y acompañando sus proyectos de vida.
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