El aburrimiento en las vacaciones infantiles suele generar inquietud en los adultos, acostumbrados a rutinas cargadas de actividades. Sin embargo, lejos de ser negativo, el tiempo libre sin agenda puede convertirse en un espacio clave para el bienestar emocional, la creatividad y la autonomía de niños y adolescentes.
Llega el fin de año, el cierre del año escolar, y comienza el tan escuchado “me aburro” en la voz de los chicos y adolescentes que empezaron sus tan ansiadas vacaciones.
No es casual que aparezca esa frase cuando se encuentran de golpe con tiempo libre.
En la actualidad, durante el año, gran parte de los niños y adolescentes llevan a cabo una rutina de actividades constantes a lo largo de la semana, incluyendo los fines de semana que son invadidos cada vez más de actividades deportivas, recreativas o sociales.
No queda mucho tiempo disponible para pensar “qué hacer”, ya está todo pautado.
Pero al llegar las vacaciones, la rutina ajetreada entra en un paréntesis y surge el tan ansiado, pero también tan temido (particularmente para los padres) tiempo libre.
Un desafío para padres
Para los padres que deben continuar con sus jornadas laborales, se trata de coordinar nuevos horarios o recurrir al cuidado de los abuelos o de las escuelas de verano para lograr la organización familiar, mientras que para los que pueden quedarse en casa es todo un desafío descubrir en el día a día cómo acompañar y entretener a los pequeños (y a los no tanto) ya que comienza a escucharse con frecuencia el “estoy aburrido”.
En tiempos donde la rutina programada y la estimulación constante parece ser la norma, el aburrimiento suele vivirse como algo negativo, incluso como una falta de atención por parte de los adultos.
Sin embargo, durante las vacaciones, que idealmente deberían ser un tiempo de descanso emocional, de ritmos más lentos y de menor exigencia, el aburrimiento puede pensarse como una experiencia necesaria.

Lejos de ser un problema, es un estado que habilita procesos internos fundamentales en el desarrollo de todo niño, tales como la imaginación, la creatividad, la autonomía y la tolerancia a la frustración.
Cuando un niño se aburre, no es que esté fallando algo, no es que el niño o sus padres están haciendo algo mal. Simplemente está apareciendo un espacio vacío que puede transformarse en juego, pensamiento, acción o creación.
Qué responder ante el "Yo me aburro"
Pero ante un niño que expresa que se aburre, ¿qué hacer? A veces los padres buscan “calmar” ese aburrimiento ofreciendo alternativas o direccionando hacia posibles modos de entretenimiento, pero no siempre es necesario responder ofreciendo una solución inmediata.
A veces simplemente es necesario validar lo que siente y devolver la responsabilidad de pensar qué hacer: “Ya sé que estás aburrido, ¿qué se te ocurre que podrías hacer?”.
Este tipo de intervenciones favorecen la autonomía, la iniciativa y la motivación, y refuerzan la confianza en los propios recursos del niño, a partir del acompañamiento y la mirada del adulto.
En el consultorio se suele escuchar seguido a madres y padres decir en esta época “no sé qué voy a hacer ahora que va a estar todo el día en casa, se va a aburrir’. Y ahí aparece una confusión frecuente.
El rol de los padres durante las vacaciones no es el de entretener permanentemente, sino el de estar disponibles emocionalmente.
Acompañar no implica dirigir el juego ni organizar cada momento, sino ofrecer su presencia, establecer límites y un marco de seguridad desde el cual el niño pueda desplegar nuevas ideas e intereses.
Menos presión y exigencias
Las vacaciones deberían ser un tiempo libre, sin demasiada estructura, donde no debería ser necesario crear planes de manera constantes ni buscar un entretenimiento para los chicos.
A veces el aburrimiento incomoda más a los padres que a los hijos, atravesados por el desgaste que producen las demandas reiteradas sobre el “qué puedo hacer”, el desorden y el dejar de lado algunos tiempos personales en pos de acompañar y entretener.
Quizás sea bueno revisar las exigencias que pesan sobre nuestro rol de padres durante las vacaciones, en las que no siempre “debemos estar haciendo algo con el objetivo que se diviertan”, para habilitar y dar lugar a un acompañamiento más tranquilo, menos culposo y con mayor disponibilidad emocional.
No existe una única manera correcta de transitar las vacaciones. Cada familia lo vivirá a su manera, pero es fundamental tener presente que el tan temido aburrimiento puede ser el inicio de algo nuevo, confiando en que cada niño o adolescente encontrará su manera de jugar y crear si le damos la oportunidad.
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