Las vacaciones suelen traer alivio del calendario escolar, pero también desorden de horarios, cansancio y tensiones en la convivencia.
Frente a ese escenario, una pregunta aparece con frecuencia en las familias: ¿es necesario sostener rutinas durante el receso o conviene “soltar todo”? La evidencia coincide en un punto clave: mantener ciertos hábitos cotidianos, con flexibilidad, favorece el bienestar infantil.
Desde Unicef señalan que las rutinas no son solo una cuestión organizativa, sino una herramienta de cuidado. “Las rutinas brindan seguridad, previsibilidad y confianza a niñas y niños”, explica el organismo en sus materiales sobre crianza y vida cotidiana, donde destaca que los hábitos diarios ayudan a ordenar emociones y a reducir el estrés, incluso en momentos de cambio como las vacaciones.
Rutinas que cuidan, no que rigidizan
Hablar de rutinas no implica sostener horarios estrictos ni replicar la lógica escolar. Durante las vacaciones, el desafío está en conservar algunos anclajes básicos —como el descanso, las comidas y los momentos de juego— sin convertirlos en una fuente de conflicto.
Unicef remarca que organizar el día con cierta estructura permite que niñas y niños sepan qué esperar, aun cuando los horarios sean más amplios o variables. Esto incluye acordar momentos para dormir, para comer, para jugar y para descansar, dejando espacios libres para la creatividad y el aburrimiento.
Sueño, juego y movimiento: claves del bienestar
La Organización Mundial de la Salud respalda esta mirada desde la evidencia en salud. En sus guías sobre actividad física, comportamiento sedentario y sueño en la primera infancia, la OMS subraya que los patrones regulares de descanso y movimiento son fundamentales para el desarrollo físico, emocional y cognitivo.
Dormir lo suficiente, jugar de manera activa y reducir el tiempo sedentario no dependen solo de la escuela: son prácticas que también se construyen en casa. En ese sentido, la OMS advierte que los períodos prolongados sin rutina, especialmente en vacaciones, pueden afectar el descanso y aumentar el tiempo frente a pantallas.
Límites claros, con flexibilidad
Sostener rutinas en vacaciones no significa imponerlas sin diálogo. UNICEF recomienda acordar reglas simples y realistas, adaptadas a la edad y a la dinámica familiar, y revisarlas si es necesario. Por ejemplo, mantener horarios de sueño similares todos los días, aunque un poco más tarde; sostener comidas compartidas; y reservar momentos diarios para el juego libre.
Los límites claros, explicados y coherentes, ayudan a que niñas y niños se sientan cuidados. La flexibilidad, en cambio, permite que las vacaciones conserven su sentido: descanso, disfrute y tiempo compartido.
Vacaciones como oportunidad
Lejos de ser un problema, las vacaciones pueden convertirse en una oportunidad para revisar rutinas, escuchar necesidades y fortalecer vínculos. Como señalan desde UNICEF, acompañar no es controlar cada momento, sino ofrecer un marco seguro desde el cual niñas y niños puedan desplegar autonomía.
En tiempos de agendas recargadas, sostener rutinas sin rigidez es una forma concreta de cuidar el bienestar infantil también durante el descanso.
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