La especialista Viviana Postay propone ampliar la mirada sobre los factores que influyen en situaciones de violencia extrema.
El reciente episodio de violencia ocurrido en una escuela de San Cristóbal, Santa Fe, volvió a encender alarmas sobre la convivencia escolar y la salud mental adolescente.
El caso, que involucró el uso de un arma de fuego por parte de un estudiante, generó conmoción en la comunidad educativa y abrió múltiples interrogantes sobre cómo prevenir este tipo de situaciones.
Para la especialista en gestión educativa Viviana Postay, es importante evitar explicaciones rápidas que reduzcan el hecho a una única causa, como el bullying. “Hay que separar la paja del trigo. La convivencia escolar hace tiempo que es un problema que requiere intervenciones muy específicas”, señaló en diálogo con Crecer Hoy.
Según Postay, la escuela no puede pensarse únicamente como un espacio académico donde los conflictos se resuelven de manera automática a partir de una buena propuesta pedagógica.
“Durante muchos años se creyó que si la enseñanza funcionaba bien, la convivencia se acomodaba sola. Hoy sabemos que no es así”, explicó.
Un hecho excepcional en Argentina
La especialista subraya que el caso de San Cristóbal debe analizarse también en su carácter excepcional. En Argentina existen muy pocos antecedentes de ataques armados en escuelas, a diferencia de otros países donde estos episodios son más frecuentes.
“No tenemos una cultura de tiradores escolares. En nuestro país solo hubo dos casos de este tipo: el de Carmen de Patagones y el actual”, señaló.
Sin embargo, advierte que sí se observa una preocupación creciente por el acceso de menores a armas de fuego y por la visibilidad de situaciones de violencia que atraviesan a niños y adolescentes.
Más allá del bullying
Postay plantea que atribuir estos hechos únicamente al bullying puede simplificar un fenómeno complejo y dificultar la búsqueda de respuestas más profundas.
“No podemos quedarnos con una explicación tranquilizadora. Hay que mirar qué está pasando con la salud mental adolescente y con el acceso a los cuidados necesarios”, advirtió.
La especialista explicó que muchos adolescentes atraviesan situaciones de sufrimiento psíquico que requieren acompañamiento profesional oportuno, algo que no siempre ocurre con la rapidez necesaria en el sistema de salud.
También mencionó la importancia de preguntarse por las condiciones sociales y culturales que rodean a los jóvenes, incluyendo el acceso a dispositivos digitales, redes sociales y otros entornos que influyen en la construcción de la identidad.
El rol de las familias y la comunidad
Para Postay, la prevención requiere una mirada integral que involucre a distintos actores sociales.
“Es importante que las familias puedan preguntarse a qué cosas están teniendo acceso sus hijos, tanto en el plano material como en el simbólico”, sostuvo.
También destaca la importancia de fortalecer espacios de pertenencia como clubes, actividades culturales y propuestas comunitarias que permitan a los adolescentes construir vínculos positivos fuera de los entornos virtuales.
La escuela sigue siendo un espacio de cuidado
A pesar de la preocupación que generan estos hechos, la especialista remarca que las escuelas continúan siendo espacios de contención fundamentales para chicos y adolescentes.
En ese sentido, plantea que el desafío no es responsabilizar únicamente a la institución escolar, sino comprender que la convivencia y el bienestar de los jóvenes requieren respuestas coordinadas entre familias, sistema de salud, políticas públicas y comunidad.
“El caso es excepcional, pero nos obliga a preguntarnos qué está pasando con nuestros chicos y cómo podemos acompañarlos mejor”, concluyó.
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