La visión de un bebé es un proceso que comienza desde la novena semana de embarazo y evoluciona de manera vertiginosa durante los primeros doce meses de vida.
Al nacer, el mundo es un lugar de luces y sombras borrosas que, poco a poco, cobra color, profundidad y nitidez.
Comprender estas etapas permite a los padres acompañar este crecimiento y detectar a tiempo cualquier anomalía.
A continuación, detallamos los hitos más importantes de la visión del bebé durante su primer año:
- Recién nacidos (primeras semanas): El bebé es muy sensible a la luz brillante, por lo que sus pupilas suelen verse pequeñas para limitar su entrada. Su visión central aún se está desarrollando, por lo que utiliza más la visión periférica o lateral. En esta etapa, ven mejor los objetos situados a una distancia de entre 20 y 30 centímetros, que es precisamente la distancia a la que se encuentra el rostro de la madre durante la lactancia.
- Al mes de vida: Comienzan a enfocar brevemente la cara de las personas y prefieren objetos de colores brillantes. Es normal que, en ocasiones, los ojos parezcan desviarse o cruzarse de forma aleatoria, un movimiento que suele desaparecer hacia el tercer mes.
- De 2 a 4 meses: Los ojos comienzan a trabajar en equipo y la coordinación visual mejora notablemente. Los bebés ya pueden seguir objetos en movimiento con la mirada y empiezan a distinguir tonalidades de colores, especialmente el rojo y el verde. Cerca de los cuatro meses, utilizan su vista para alcanzar y agarrar objetos cercanos.
- De 5 a 8 meses: Se desarrolla por completo la percepción de profundidad, permitiéndoles ver el mundo en tres dimensiones (3D). En esta fase, el bebé ya reconoce a sus padres al otro lado de la habitación y puede recordar un objeto aunque solo vea una parte de él. El inicio del gateo, alrededor de los ocho meses, potencia aún más su coordinación ojo-mano.
- De 9 a 12 meses: Los bebés calculan distancias con gran precisión, lo que les permite agarrar objetos pequeños utilizando el dedo pulgar e índice (pinza motora). Hacia los nueve meses, es probable que los ojos ya tengan su color definitivo, aunque pueden ocurrir cambios leves más adelante. Al cumplir el primer año, la mayoría ya gatea o intenta caminar, integrando plenamente su visión con su movilidad.
La importancia de consultar a un especialista
Para fomentar este desarrollo, los especialistas recomiendan estimular al bebé con móviles de colores vivos, hacerle muecas de cerca y leerle cuentos con ilustraciones llamativas.
Desde Crecer Hoy te recordamos la importancia de que tu pediatra de confianza examine los ojos en cada visita de control, ya que la detección precoz es clave para corregir posibles problemas visuales.
En el caso de los bebés prematuros, se debe tener en cuenta que el desarrollo visual suele basarse en la fecha probable de parto y no en el día del nacimiento.
El desarrollo de la visión en un bebé es como el enfoque progresivo de la lente de una cámara: al principio la imagen es difusa y limitada, pero con el paso del tiempo, el ajuste se vuelve tan preciso que permite capturar cada detalle, color y relieve del entorno con total claridad.





