El clima en las aulas argentinas dejó de ser una preocupación secundaria para convertirse en un factor determinante del éxito educativo y emocional de los adolescentes.
Un reciente informe testigo realizado en la provincia de Mendoza, que alcanzó a más de 21.000 estudiantes de secundaria, aporta datos reveladores sobre cómo la violencia escolar boicotea el aprendizaje y qué podemos hacer como padres y educadores para frenarla.
Una herramienta con sello nacional
La investigación, impulsada por expertos de Mendoza y el Conicet, utilizó por primera vez el CACE-44 (Cuestionario de Acoso y Convivencia Escolar).
Se trata del único instrumento diseñado íntegramente en Argentina para medir específicamente el bullying y el ciberbullying, lo que permite obtener un diagnóstico preciso de nuestra realidad local sin depender de adaptaciones de tests extranjeros.
La violencia verbal: el motor invisible del acoso
Uno de los hallazgos más impactantes del estudio es la relación directa entre la palabra y el acoso sistemático.
Los investigadores detectaron una correlación casi total (de 1 sobre 1) entre la violencia verbal y el ciberbullying.
Esto significa que las agresiones en redes sociales no son hechos aislados, sino que actúan como una extensión tecnológica de la violencia verbal que se vive cotidianamente en el aula.
El rol del testigo: la clave para romper el círculo
El informe pone el foco en la figura del espectador o bystander.
Por cada episodio de violencia, existen múltiples testigos que, al no tener herramientas para intervenir, terminan convirtiéndose también en víctimas al cargar con sentimientos de cobardía por su silencio.
Según el psicopedagogo Alejandro Castro Santander, el testigo tiene el poder de cambiar la ecuación de la violencia si se le brindan las capacidades para levantar la voz y romper la inercia.
Impacto en el aprendizaje: un daño de 360 grados
Para la crianza y la educación, el dato más alarmante es que el mal clima escolar tiene un impacto directo en las notas.
El acoso boicotea la calidad educativa y el desempeño de los estudiantes, afectando su desarrollo integral y su capacidad de aprendizaje de manera sostenida.
Estrategias para un entorno seguro
Para transformar esta realidad, el estudio sugiere basarse en la evidencia científica para orientar políticas públicas y estrategias familiares:
- Corresponsabilidad familiar: Los protocolos establecen que las familias deben involucrarse activamente en la convivencia y no solo buscar culpables externos.
- Programas institucionales: Es fundamental que cada escuela implemente un programa de convivencia con gestión, presupuesto y monitoreo constante.
- Intervención temprana: El bullying suele ser la punta del iceberg de conflictos previos, indisciplinas y violencia esporádica que, si no se tratan a tiempo, escalan hasta el acoso sistemático.





