Mucho se viene hablando en las últimas semanas acerca de Giovanni Baroni, el juvenil futbolista de Talleres de Córdoba que fue promocionado a la primera categoría y debutó apenas dos días después de cumplir sus 17 años.
En los distintos portales pueden encontrarse artículos que hablan de sus características de juego y realizan futurología sobre la posibilidad de que “el pibe” se convierta en uno de los cracks del fútbol argentino en un futuro.
Sin embargo, no vamos a abordar aquí esas cuestiones deportivas. En cambio, nos referiremos a una postura que lo diferencia entre muchos profesionales, no sólo del fútbol, y que tiene que ver con una cuestión que preocupa a muchos especialistas.
Apuestas ilegales: es posible decir “no”
Si uno presta atención a la indumentaria que utilizan los jugadores de Talleres de Córdoba y pone foco en los detalles, podrá notar que la camiseta que viste Baroni tiene un rasgo distintivo respecto a las del resto del plantel. Y no, no es el número 30 que lleva estampado.
Mientras que las cascas de otros jugadores muestran cerca de sus hombros el logo del sitio de apuestas Bplay, en la remera de Baroni la marca aparece cubierta de azul y la identidad resulta ilegible.
Aunque el futbolista no se pronunció hasta ahora al respecto, la decisión muestra una clara postura frente a una problemática que cada vez más preocupa a padres, docentes y especialistas, por sus efecto adversos en los jóvenes.
Un fenómeno global
La invasión de las casas de apuestas en el fútbol argentino viene generando un dilema ético y social sin precedentes.
Mientras clubes como River y Boca dependen de estos patrocinios para financiar su rol social, el impacto en los adolescentes es alarmante.
Este bombardeo publicitario constante normaliza el juego y deriva en graves consecuencias: deudas, estafas y un marcado deterioro en el rendimiento escolar.
Cabe destacar que el caso argentino no es único, sino que tiene antecedentes en las grandes ligas del resto del mundo. Por caso, en la Premier League, más del 50% de los sponsors provienen del rubro.
El gran desafío actual es romper la dependencia de una industria que lucra con las pérdidas de los propios hinchas.
Apuestas online
Según datos de la Secretaría Nacional de Niñez, Adolescencia y Familia (Senaf) y UNICEF, uno de cada cuatro adolescentes de entre 12 y 17 años ha realizado apuestas online al menos una vez.
Este fenómeno, que se expande con rapidez, tiene una edad promedio de inicio de apenas 13 años, impulsado principalmente por la influencia de amigos y el fácil acceso a través de billeteras virtuales.
La preocupación de los especialistas se fundamenta en los severos riesgos asociados a esta práctica.
Informes del Observatorio Humanitario de la Cruz Roja advierten que el 60% de los estudiantes secundarios tienen exposición directa a estas plataformas, y un 12% de los jóvenes que apuestan ya ha reconocido haber quedado endeudado.
Además, el uso frecuente de estos sitios se vincula directamente con cuadros de ansiedad, alteraciones del sueño y un bajo rendimiento escolar.
Un factor crítico en esta problemática es la falta de diálogo.
Se estima que entre el 79% y el 87% de los jóvenes asegura que el tema tiene escaso o nulo debate en sus hogares o escuelas, lo que deja a los adolescentes vulnerables ante la publicidad constante en camisetas y transmisiones deportivas.
En este sentido, la decisión de un referente juvenil de invisibilizar una marca de apuestas rompe con la naturalización de una conducta que crece entre los jóvenes y representa un riesgo para la salud mental y los vínculos familiares.




