En la sociedad actual, y desde hace varios años ya, el camino hacia la madurez no parece seguir un cronograma fijo.
Un fenómeno creciente, denominado adultescencia, describe a jóvenes adultos de entre 18 y 30 años (o incluso más) que, a pesar de su edad cronológica, mantienen comportamientos, roles y una dependencia económica o emocional típica de la adolescencia.
En Argentina, este escenario es palpable: informes de 2025 indican que aproximadamente 1,8 millones de jóvenes de entre 25 y 35 años aún viven con sus padres, lo que representa el 38,3% de ese rango poblacional.
¿Cómo se llega a la adultescencia?
La transición de la adolescencia a la adultez se volvió más lenta y compleja debido a una combinación de factores económicos, sociales y culturales.
El encarecimiento del costo de vida, el acceso limitado a empleos estables y la creencia o necesidad de una formación académica prolongada para competir en el mercado laboral retrasan la independencia financiera.
Desde una perspectiva cultural, especialistas describen que esta configuración llevó a un cambio en el patrón de "adultez tradicional": hoy existe una menor presión social por casarse o formar un hogar a temprana edad, lo que incentiva un estilo de vida centrado en la exploración personal.
A esto le suman que, en muchos hogares modernos, los padres tienden a actuar más como compañeros que como figuras de autoridad rígidas, compartiendo intereses y ocio con sus hijos, lo que reduce el incentivo de estos últimos para abandonar las comodidades del nido familiar.
Características y el perfil del "adultescente"
El fenómeno no es solo una cuestión de vivienda como puede ser el hecho de estar forzado a vivir con los padres para poder terminar una formación profesional o por una dificultad para afrontar un alquiler. La adultescencia implica una "adolescentización" del adulto.
Además de ello, los especialistas destacan rasgos psicológicos y sociales específicos:
- Pensamiento "frágil": Se asume una cosmovisión donde la realidad es vista como provisional e incierta, alejándose de certezas o dogmas.
- Vínculos "líquidos": Siguiendo conceptos sociológicos, se establecen relaciones breves, erráticas y desprendidas de compromisos a largo plazo.
- Aceleración vital y lo efímero: Se vive en el "imperio de lo instantáneo", buscando la renovación constante de objetos, trabajos y experiencias, lo que genera intolerancia ante los procesos naturales de la vida.
La visión de los especialistas
El debate sobre este retraso madurativo cuenta con voces fundamentales.
El psicólogo norteamericano Dan Kiley describió en 1983 el "Síndrome de Peter Pan", analizando a varones que experimentan dificultades marcadas para sostener responsabilidades y compromisos adultos, refugiándose en una visión despreocupada de la vida.
Por su parte, Santiago Bellomo, Licenciado en Filosofía, sostiene que se instauró una "cultura adolescente" donde la juventud se convirtió en el único sinónimo de plenitud, generando una "parálisis madurativa" al no existir modelos de adultez atractivos.
En el ámbito de la convivencia, el psicólogo Jorge Martín Pegoraro advierte que la permanencia prolongada en el hogar requiere un nuevo "acuerdo convivencial". Según Pegoraro, para una convivencia sana, el hijo adulto debe abandonar el esquema de dependencia y adoptar el rol de un "roommate" (compañero de vivienda), asumiendo responsabilidades, aportando económicamente y participando en las decisiones del hogar.
Adultescencia: ¿un fenómeno positivo o negativo?
La adultescencia no debe etiquetarse como algo estrictamente negativo; es una evolución en las etapas del desarrollo.
Permite a los jóvenes disponer de más tiempo para el autoconocimiento y la adopción de estilos de vida más flexibles e innovadores antes de tomar decisiones vitales permanentes.
Sin embargo, los riesgos incluyen:
- La postergación indefinida de metas personales.
- Sentimientos de ansiedad al percibirse "atrasado" respecto a expectativas sociales.
- El mantenimiento de una dependencia que puede volverse tóxica si no existen reglas claras en la familia.
El desafío actual, como señala el Dr. Jonathan Torres Hernández, es lograr una conceptualización empática de este proceso de transición para apoyar a los jóvenes en su integración final a la sociedad.
En definitiva, la adolescencia es un proceso de transición que requiere atención e intervención de todos los involucrados para evitar que se convierta en una "adultescencia eterna".




