A pesar del crecimiento histórico en la escolarización temprana durante la última década, el nivel socioeconómico sigue siendo el principal factor de exclusión. Un informe revela que el país presenta el porcentaje de asistencia más bajo entre los niños más pobres de 3 años en comparación con países vecinos.
Argentina atraviesa una realidad dual en su sistema de educación inicial.
Según un estudio de Argentinos por la Educación, si bien el país alcanzó un 83% de asistencia general entre niños de 3 a 5 años en 2024, persisten brechas alarmantes que condicionan el futuro de los sectores más desfavorecidos.
El abismo en la sala de 3 años
El acceso a la educación para los más pequeños está fuertemente marcado por los ingresos del hogar.
En los sectores más vulnerables de Argentina, solo el 41% de los niños de 3 años asiste al nivel inicial, el porcentaje más bajo entre los países analizados (Chile, México, Perú y Uruguay).
Esta cifra contrasta con el 71% de asistencia en los sectores medios y el 63% en los sectores más ricos del país.
La fragmentación es aún más profunda en la sala de 2 años, donde la brecha es extrema: solo asiste el 10% del sector más pobre frente al 44% del sector más rico.
Universalidad a los 5 años y avances en sala de 4
El panorama mejora sustancialmente a medida que aumenta la edad de los niños.
A los 5 años, la cobertura en Argentina es prácticamente universal en todos los estratos sociales, con tasas que oscilan entre el 97% y el 100%.
Por su parte, la sala de 4 años registró el mayor crecimiento de la región en la última década, pasando del 75% al 91% de asistencia.
Sin embargo, incluso en esta etapa persiste una diferencia de 14 puntos porcentuales entre el sector más pobre (83%) y el más rico (97%).
Una oportunidad histórica ante la baja natalidad
Especialistas señalan que la escasa oferta de gestión estatal para el primer ciclo (de 45 días a 3 años) obliga a las familias a recurrir al mercado privado, lo que refuerza la desigualdad desde la cuna.
No obstante, destacan que el descenso en la tasa de natalidad representa una "oportunidad histórica" para realizar una revisión estratégica del sistema y fortalecer la infraestructura en los territorios más alejados. Garantizar el acceso temprano es vital, ya que la asistencia al jardín en contextos de pobreza actúa como un catalizador: los niños que asisten reciben significativamente más estímulos en sus hogares en comparación con sus pares que quedan fuera del sistema.




