El movimiento Manos Libres Argentina impulsa un cambio cultural y legislativo para retrasar el acceso de los niños a los dispositivos digitales. La propuesta, inspirada en las teorías de Jonathan Haidt, busca que el Estado regule el uso de tecnología para priorizar el juego y la salud emocional.
La preocupación de un grupo de familias en Garín se transformó en un movimiento nacional que hoy busca llevar su reclamo al Congreso de la Nación.
Bajo el lema "dejemos que los chicos sigan siendo chicos", proponen cinco ejes centrales para transformar la crianza en la era digital.
1. Celulares inteligentes a partir de los 14 años
La propuesta principal establece que el primer smartphone con datos móviles se otorgue recién a los 14 años.
Hasta esa edad, se promueve el uso de teléfonos básicos (solo para llamadas y SMS) o relojes inteligentes, permitiendo la comunicación sin los riesgos de la conectividad total.
El objetivo es ganar tiempo para el juego, la imaginación y el movimiento.
2. Acceso a redes sociales a los 16 años
El movimiento busca elevar la edad mínima de acceso a las plataformas de los 13 años actuales a los 16 años.
Esta medida, que requeriría sistemas efectivos de verificación de edad, se fundamenta en que el mundo virtual exige una madurez emocional que los niños y preadolescentes aún no han desarrollado,.
3. Escuelas libres de smartphones
Otro pilar fundamental es garantizar que el aula sea un espacio de encuentro y atención, libre de dispositivos personales.
La presencia real es considerada clave para el desarrollo social y cognitivo, evitando las distracciones que generan las pantallas en el entorno educativo,.
4. Recuperar el juego libre y real
Frente a la "generación ansiosa", la propuesta incentiva el tiempo sin agendas ni estructuras, donde los niños puedan aburrirse y reinventarse en plazas y calles.
Se busca que construyan su identidad en el mundo real antes de ingresar al digital.
5. Una Ley de Acceso Digital Infantil
Manos Libres impulsa una petición para que el Congreso legisle sobre estos puntos, argumentando que las familias no pueden enfrentarse solas a las grandes empresas tecnológicas.
Buscan una norma similar a la de Australia para proteger el bienestar de las nuevas generaciones ante contenidos potencialmente dañinos.




