Algunas comunidades online pueden reforzar discursos de odio o normalizar la violencia. Especialistas piden evitar simplificaciones y analizar el fenómeno desde una mirada integral que incluya salud mental adolescente y acompañamiento adulto.
El caso de "shooting" escolar en una escuela de la localidad santafesina de San Cristóbal sigue generando análisis y debates. Pocos días después del tiroteo por parte de un joven de 15 años que mató a un niño de 13, se conoció que el atacante participaba de foros sobre "True Crime", INcels y comunidades 764.
El avance de comunidades digitales donde circulan contenidos violentos o discursos de odio genera preocupación entre especialistas en salud mental, educación y ciberseguridad. Aunque estos espacios no explican por sí solos episodios extremos, sí pueden influir en jóvenes que atraviesan situaciones de aislamiento o malestar emocional.
El fenómeno no es nuevo: el interés social por los crímenes reales existe desde hace décadas. Sin embargo, el crecimiento de plataformas que permiten interactuar de manera anónima cambió el escenario.
Según explica el especialista en ciberseguridad Enrique Dutra, los espacios online vinculados al llamado “true crime community” permiten que usuarios no solo consuman información sobre delitos reales, sino que también participen activamente en conversaciones donde, en algunos casos, se idealiza a los agresores.
Este cambio marca una diferencia respecto de otros formatos como series o documentales. “En las redes sociales, especialmente en plataformas como Telegram, Discord o Reddit, las personas pueden interactuar, opinar y construir comunidad en torno a estos contenidos”, advrtió Dutra.
El rol de los algoritmos
Diversos estudios señalan que los algoritmos de recomendación tienden a mostrar contenidos cada vez más intensos en función de los intereses previos de cada usuario.
La American Psychological Association advierte que la exposición repetida a contenidos violentos puede impactar en la percepción del riesgo y en la sensibilidad emocional, especialmente en adolescentes que pasan muchas horas conectados.
Por su parte, investigaciones del Pew Research Center muestran que los adolescentes utilizan múltiples plataformas digitales en simultáneo y que el consumo intensivo puede amplificar contenidos polarizantes o extremos.
“El problema no es solo el contenido, sino el tiempo de exposición y el refuerzo constante que generan los algoritmos”, señaló Dutra.
Adolescencia, identidad y pertenencia
La adolescencia es una etapa marcada por la búsqueda de identidad y pertenencia. En ese contexto, algunos jóvenes pueden sentirse atraídos por comunidades digitales que prometen reconocimiento o validación.
UNICEF advierte que los adolescentes pueden ser especialmente sensibles a los entornos digitales donde encuentran grupos que refuerzan creencias negativas sobre sí mismos o sobre la sociedad.
Algunas investigaciones también describen la presencia de comunidades online asociadas a discursos de resentimiento o victimización social, donde se promueve una visión negativa del mundo y se refuerza el aislamiento social.
Según Dutra, en ciertos espacios digitales pueden combinarse factores de vulnerabilidad emocional con la exposición prolongada a contenidos violentos o extremos.
Qué señales pueden observar las familias
Especialistas recomiendan prestar atención a cambios bruscos en el comportamiento, aislamiento social marcado o discursos de odio reiterados.
La Sociedad Argentina de Pediatría destaca la importancia de acompañar el uso de tecnología desde edades tempranas y promover espacios de diálogo que permitan detectar situaciones de riesgo.
Dutra coincide en que el control no debe centrarse únicamente en prohibir, sino en comprender qué plataformas utilizan los adolescentes y qué tipo de contenidos consumen.
“El primer paso es involucrarse sin juzgar, generar confianza y poder hablar sobre lo que los chicos ven en internet”, señala el especialista.
Un desafío que requiere adultos presentes
Los expertos coinciden en que no existe una única causa que explique conductas violentas. Sin embargo, el contexto digital actual plantea desafíos nuevos para familias, escuelas y Estados.
Promover pensamiento crítico, fortalecer la autoestima y acompañar el uso de tecnología aparecen como herramientas clave para reducir riesgos y favorecer entornos digitales más seguros.
En un escenario donde los contenidos circulan sin fronteras, el acompañamiento adulto sigue siendo uno de los factores de protección más importantes para niños y adolescentes.
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