Especialistas, familias y referentes institucionales participaron de una mesa de trabajo sobre bienestar digital y coincidieron en la necesidad de promover límites y estrategias compartidas frente al uso temprano de dispositivos.
El uso de pantallas en la infancia y la adolescencia genera cada vez más preocupación entre familias, docentes y especialistas. En ese contexto, se realizó la primera mesa de trabajo sobre Bienestar Digital coorganizada por la iniciativa Creciendo sin Apuro Digital, un espacio de intercambio que reunió distintas miradas sobre los desafíos actuales vinculados al uso de tecnología en niños, niñas y adolescentes.
El encuentro contó con la participación del legislador Leonardo Limia y su equipo, quienes facilitaron el espacio de diálogo para comenzar a delinear posibles estrategias orientadas a promover la salud y proteger a chicos y adolescentes frente a los efectos del uso temprano y sin regulación de dispositivos digitales.
Entre los principales puntos abordados, se destacó que la edad de inicio en el uso de pantallas es cada vez más temprana y que el tiempo de exposición diaria suele ser elevado, con promedios que rondan entre siete y ocho horas, una tendencia que se incrementó luego de la pandemia y en un contexto de acceso masivo a redes sociales y plataformas digitales.
Consecuencias del uso excesivo
Durante la mesa también se identificaron preocupaciones vinculadas al uso excesivo de dispositivos, la dificultad de establecer límites claros y el impacto que pueden tener las redes sociales en la autoestima.
Además, se mencionó el crecimiento del acceso a apuestas online entre adolescentes, un fenómeno que genera alerta por sus posibles consecuencias en el bienestar emocional y económico.
El juego, el mejor amigo de la infancia
Otro de los ejes centrales del encuentro fue el rol del juego en el desarrollo infantil. Los participantes señalaron que el juego es una actividad fundamental para el desarrollo cognitivo, social y emocional, pero que muchas veces se ve desplazado por dinámicas digitales basadas en la gratificación inmediata y la estimulación constante.
También se analizaron los desafíos que enfrentan distintos actores. En el ámbito escolar, se mencionó la falta de criterios unificados sobre el uso de celulares en clase y la necesidad de brindar herramientas a docentes para acompañar estas situaciones.
En las familias, se destacó la dificultad para dimensionar el impacto del uso excesivo de pantallas y establecer límites sostenidos en el tiempo. En cuanto al Estado, se remarcó la importancia de promover políticas públicas y marcos regulatorios que acompañen a las familias en este escenario.
Desde Creciendo sin Apuro Digital señalaron que uno de los objetivos principales es generar mayor conciencia sobre el tema y promover acuerdos parentales que permitan posponer el acceso al primer teléfono celular, idealmente hasta los 16 años, como una estrategia de cuidado.
Los participantes coincidieron en que se trata de un desafío complejo que requiere corresponsabilidad entre familias, escuelas, Estado y comunidad, con el objetivo de acompañar a niños y adolescentes en un uso más saludable de la tecnología.
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